• Regístrate
Estás leyendo: Mary Shelley
Comparte esta noticia
Lunes , 25.06.2018 / 14:59 Hoy

Perfil de mujeres

Mary Shelley

Coral Aguirre

Publicidad
Publicidad

Privilegio de dioses ser hija de un filósofo y una feminista. Este, el destino de Mary Shelley, se autonombra así incluso antes de ser la esposa de Shelley, desdeñando la fama tanto del apellido paterno como del materno. Hija de William Godwin y de Mary Wollstonecraft cuyas ideas sobre la educación femenina inauguran una nueva época. ¿Crearse a sí misma? En su obra ella se horroriza de la soberbia de hacer de Dios. Jugar a ello, pareciera afirmar, sólo nos lleva a la derrota más aciaga.

Nacida en 1797 al borde del nuevo siglo, trae consigo una doble herencia: la luz de la Ilustración y el oscuro germen del erotismo y la muerte, propia del Romanticismo. En ella se conjugan razón y deseo, Eros y Thánatos. Su padre la ilumina con su saber, y su madre, tan ilustre como aquel, pero muerta once días después de su nacimiento, la guía por el reino de las sombras. Mary se arregla para ser feliz. Admira fuertemente a su padre y éste la educa como hubiera querido su madre. Crece entonces con los ideales del Siglo de las Luces, la razón como estandarte, la novedad de ser igual a todos, en derechos y saberes. Y por el otro lado con la certeza que hay otro reino opuesto al de la luz.

Cuando conoce a Percy Shelley, un muchacho de clase alta casado con una chica que ya lo aburre y a quien raptó, se prenda de él por muchas razones. Es poeta, ejerce su libre albedrío atrapando algunas de las ideas de su padre, y lector insaciable, se nutre de lo que encuentra en la librería de Godwin. No necesita más para citarse con él en la tumba de su madre en el cementerio adonde es asidua concurrente. Pronto la pasión hace de las suyas y ante el rechazo del padre de Mary, ambos huyen a Suiza con una hermanastra de Mary. Al trío se han de agregar una y otra vez diversos personajes anónimos y famosos, pero que dan cuenta del amor libre, la ruptura de las convenciones, y la disolución de la costumbre que han decidido para sus vidas.

Se casan en 1816 después del suicidio de la ex esposa de Percy. Entre las muertes de los sucesivos hijos de la pareja, la trashumancia que hace olvidar un poco a Mary su fracaso materno, y el regreso a Londres para tramar con los amigos el siguiente viaje.

Concluidas las penurias económicas que sufría Percy por el castigo de sus padres a su vida disoluta, y su herencia en las manos, la pareja decide rentar cerca de la villa Diodati donde se aloja Lord Byron, al borde del lago Leman en Suiza, poco después de su boda. Como de costumbre pasan los días acompañándosede él y sus amigos, la hermanastra de Mary, y ahora el poeta Polidori, amante de fantasmas y leyendas alemanas tenebrosas. Y sucede lo que nadie había previsto. La lluvia los cerca y los obliga a permanecer días y noches encerrados viendo por los grandes ventanales el paso de las sombras, la bruma, la desolación de los aguaceros a veces aguaviento, a veces tromba o llovizna. Hay que inventar algo. Son poetas, creadores, maestros de la imaginación, a instancias de las lecturas de Polidori y los sueños de Mary, deciden escribir cada uno una historia de horror y muerte. La novela gótica en su apogeo sin que ellos lo sepan. Matar a la razón con el veneno del romanticismo.

Polidori escribe su célebre Vampiro y Mary, Frankenstein o el Prometeo moderno. Byron y Shelley enriquecen su propia obra. Creo que es el apogeo de Mary, quien seguirá escribiendo, pero nunca con la originalidad de ésta, su primera novela.

Los viajes y las nuevas parejas excitan a Shelley, quizás cansan a Mary y atraen siempre a Byron. Hasta el verano de 1822 cuando otra vez juntos al borde del mar, ahora en Italia, prueban sus barcos de vela y Percy zarpa con un amigo de regreso hacia la costa de La Spézia.

La leyenda dice que naufragaron, que sus cuerpos aparecieron en la playa, que Mary y el grupo, decidió incinerar los cuerpos. Pero el corazón de Percy no quiso quemarse. Así que Mary, previa decisión de Byron, lo tomó en sus manos, lo envolvió amorosamente en algunas páginas de los versos del poeta y se lo llevó a su casa. Cuando murió en 1851, había reunido una cantidad suficiente de los restos de sus muertos para cubrirla por completo en su propia tumba.

coral.aguirre@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.