• Regístrate
Estás leyendo: María Teresa
Comparte esta noticia
Domingo , 22.07.2018 / 13:51 Hoy

Perfil de mujeres

María Teresa

Coral Aguirre

Publicidad
Publicidad

Domingo por la tarde decido buscar algún perfil de mujer latinoamericana que me sorprenda porque no estoy dispuesta a conformarme con los nombres que tengo en mi libreta de búsquedas. Decido a priori: quiero una compositora o intérprete latinoamericana del siglo XIX. María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García, a pesar del largo nombre, me seduce. Casi es promesa en cuanto a mis expectativas cuyas exigencias son difíciles de resolver. Encuentro su vida, su obra como compositora, las piezas que la hicieron famosa como pianista. Su cara redondita y bella me recuerda a Karla, la gemela de Karim. Me gusta. Pero no estoy dispuesta a ceder. Ha nacido en 1853 en Caracas, falleció en 1917, al comienzo del siglo XX. ¿Cómo hacer para corroborar lo que dicen de ella? Niña prodigio, pianista excelsa, compositora finísima etc. etc. Milagrosamente encuentro algunas de sus grabaciones; me aboco a la Balada Nº 1 de Chopin que conozco muy bien. Comienzo a escucharla con escepticismo. Mi actitud cambia cuando entra el tema principal. Ella grabó en pianola, es decir en rollos, la dificultad para que permaneciera su tesitura, su expresividad, el fraseo, era gravísima. Y no obstante la sigo, comienzo a cantar con ella, a volar siguiendo su flujo musical. Pero no me conformo. Entonces comienzo a investigar. Larga tarde dominical que me regala lo que andaba buscando.

A pesar del largo olvido en que ha sido sumida su vida y su obra, obtuvo el reconocimiento de los más grandes compositores del siglo XIX, sus contemporáneos: Liszt, Brahms, Berlioz, Gounod, Saint-Säenz...Tocó bajo la batuta de Von Bülow y Nikisch, con las más grandes orquestas del mundo, incluidas las de Berlín y Nueva York. Los Rubinstein, Clara Schumann, Paderewski, Hoffmann, entre una larga fila de pianistas y músicos de su tiempo, la consideran un hito inigualable como intérprete en la historia de la música. Cuando murió el 17 de junio de 1917, el New York Times dio una definición inapelable: Es la mejor pianista que haya vivido jamás, declaró. Fue amiga de Brukner y de Grieg, de Clara y de Wagner. Hizo giras mundiales: Nueva Zelanda, África, Australia, América y toda Europa la agasajaron en cada presentación.

Su ficha personal también es sorprendente: sobrina por parte de padre de Simón Rodríguez; y por parte de madre, sobrina nieta de Simón Bolívar, los grandes líderes del proceso de independencia de nuestra América. Sus estudios musicales los inicia con su propio padre, Manuel A. Carreño, y los continúa con los mejores maestros, tanto en su país natal como luego en EEUU a donde emigraron, y finalmente en Europa. A partir de 1862 comienza su vida de conciertos. Tenía entonces nueve años. Por la misma época, es decir en su niñez, no sólo se presenta en público, sino que también compone. Su andar se conforma desde entonces de las temporadas musicales en los más grandes escenarios y en el aprendizaje y perfeccionamiento sistemático de sus talentos.

Se casa a los 19 años con un violinista que no alcanza ni por asomo sus méritos, ambos intentan realizar una gira, juntos, que es un absoluto fracaso. Todo ello en medio del nacimiento de su primera hija y la muerte del segundo hijo, que los lleva al divorcio. Los trastornos económicos de Teresa la obligan a dar a su hija en adopción con la condición de no verla nunca más. Ella acepta.

En 1876 conoce al barítono Tagliapietra, se casa con él y otra vez, el sueño de la empresa común, forman una empresa de conciertos. Teresa da a luz dos mujeres y un varón. La empresa sufre presiones legales, y apremios; en 1889 se separan luego de una larga estación donde compartieron éxitos y fracasos. Y ahí va la Teresa de amores plena, porque ahora se casa con un célebre pianista francés con el que tiene dos hijas, y diez años después con otro Tagliapietra, hermano de su segundo marido.

Amada, amante, célebre, intensamente artista; no obstante, la sociedad caraqueña la repudia cuando llega a ofrecer sus conciertos a Venezuela por más que el mismo presidente le haya encargado la organización de la temporada de ópera. Nadie asiste porque se trata de una mujer divorciada. Miserias y terrores de la condición femenina que todavía sufrimos.

Al morir, su ataúd fue llevado en andas por los más grandes músicos y compositores de su época. Pero los conciertos habitan sólo el presente luego sucede el olvido.

coral.aguirre@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.