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Perfil de mujeres

María Rosa Lida

Coral Aguirre

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Generalmente los perfiles de mujeres más seductores son los que están cargados de dramas sentimentales, aventuras imprevisibles, catástrofes de la psique, el corazón y el espíritu, o bien una presencia muy destacada en la esfera pública. Las mujeres que a lo largo de sus vidas obstinadamente han estudiado, investigado, trabajado sin pausa, día tras día, sin descanso, y han obtenido mejoras para la humanidad en la cultura, la naturaleza, la economía, la historia, entre otras materias que definen a la sociedad humana; las académicas, las que, entregadas al marco de su universidad, allí investigan y trabajan, no son objeto de interés.

María Rosa Lida (1910-1962) es una de ellas. Su doble nacionalidad, americana y argentina, tal vez hace de ella un híbrido que al sur se le olvida. Lo cierto es que nació en Buenos Aires y murió en Oakland. Hizo sus estudios superiores en la Universidad de Buenos Aires y fue maestra en Harvard. Lingüista, escritora, filóloga clásica y maestra, gana la beca Guggenheim.

Sin embargo, lo que me conmueve es que era de una familia askenazí que solo hablaba en yiddish y no obstante sus padres se empecinaron en educarla dentro de las circunstancias geográficas del país en que nace, al igual que su hermano, que también resultó filólogo de la lengua española.

Desde el liceo ya marcó su meta, pues devino una y otra vez la mejor de cada clase en la que participó hasta las becas internacionales que ganó y el prestigio que obtuvo por sus estudios. Cuando uno recorre sus publicaciones se conmueve porque allí está el trabajo sobre los clásicos griegos, romanos, españoles, todo aquello de lo que estamos hechos: Sófocles y Heródoto, los medievalistas españoles, poetas y narradores. Con especial cuidado por La Celestina de Fernando de Rojas, a quien dedicó estudios notables. Géneros y temas fueron analizados con acuciosidad por parte de María Rosa, al punto que pudo criticar agudamente a algunos de sus colegas europeos en cuanto a la prontitud de definiciones rotundas que no habían sido comprobadas adecuadamente.

Su vida, llena de logros académicos, se vio privilegiada también por el encuentro con quien sería su esposo, Yakov Malkiel, filólogo ruso, mientras ejercía una beca que había ganado por la Fundación Rockefeller, primero en Cambridge y luego en Berkeley. Primero mantuvieron una correspondencia cada vez más intensa y luego en 1947 se conocieron: el flechazo fue súbito y absoluto. Su compañero provenía de la corriente del formalismo ruso y, al igual que ella, había tenido grandes maestros. En el caso de María Rosa es de subrayar que en dos ocasiones, primero en Argentina y luego en Estados Unidos, tuvo el privilegio de contar como maestro con Amado Alonso, ese intelectual español tan amigo de Alfonso Reyes, que no solo fue lingüista sino también crítico literario.

Su Retrato y defensa de Dido en la literatura española es de mi particular gusto. Encuentro esa afinidad que hace reconocernos al amar los mismos personajes, esa Dido por ejemplo que sucumbió al amor y por causa de Eneas decidió morir. Con La originalidad artística de la Celestina me pasa lo mismo, aquí no por los personajes sino por la historia de comadreos y enredos que inicia nuestra picaresca.

Sin embargo María Rosa siempre fue más bien tímida, al punto de declarar alguna vez que Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges le provocaban una afasia total. No era así en su letra, en sus críticas y ensayos, donde se yergue un poderoso ejercicio filológico y literario de su parte.

Ya en 1961 regresa a Argentina para la corrección de unas pruebas precisamente de esta obra sobre la Celestina, sin embargo al sentirse enferma regresa rápidamente a Oakland donde reside, para morir pocas semanas después. Su buen compañero Yakov publicó los trabajos inéditos de María Rosa, en los que tanto había trabajado.

Perfil íntegro de una académica apasionada. Porque de puertas para adentro en las universidades y centros de investigación la pasión por la tarea tiene también la magnitud de los vuelos más locos: la utopía de atrapar el universo completo.

coral.aguirre@gmail.com

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