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Sábado , 15.12.2018 / 03:22 Hoy

Perfil de mujeres

Manuelita

Coral Aguirre

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Y sí, ando buscando las grandes mujeres detrás de los grandes hombres. Manuela Sáenz (1795-1856) es una de ellas. Como sucede en el arte y las ciencias no ocupa el lugar que le correspondería por sus actos, en este caso, propios de una independentista, una patriota, una revolucionaria, de igual talla que los próceres más preclaros de nuestra historia latinoamericana. Ella fue como tantas otras mujeres de nuestras revoluciones algo más que una cocinera, una amante o una mensajera.

Nacida en Quito hoy capital de Ecuador, de un adulterio, sus primeros años la verán en el fragor de los tiempos que conjugan los primeros brotes independentistas. Sin embargo hay que subrayar que su padre pertenece a la aristocracia de la Colonia. De modo que su educación será puesta en manos de las monjas conceptas. Rebelde desde la adolescencia, Manuela se escapa del convento a los 17 años seducida acaso por un oficial del Ejército Real. En 1817 se casa con el médico inglés James Thorne y muy pronto empujada por las contradicciones políticas del virreinato pero sobre todo por los asesinatos a mansalva de patriotas, no tarda en blandir los mismo ideales que ellos y en arriesgar la vida de tal modo que el general San Martín cuando libera Perú de los españoles, le otorga el título de Caballeresa de la Orden El Sol del Perú.

Ella misma relata la primera mirada que cruza con Simón Bolívar. Desde un balcón observa la entrada triunfal del libertador de América y le arroja un ramo con tanta fuerza que va a dar al pecho del héroe. Ella se avergüenza, él sonríe descubriéndola entre los que se asoman a su paso. Poco después en el baile de bienvenida quizás mientras bailan, Bolívar la agasaja así: Señora, si mis soldados tuvieran su puntería ya habríamos ganado la guerra a España. El flechazo es mutuo y se vuelven amantes y compañeros hasta la muerte del General ocho años después.

Sin embargo queda claro que ella era revolucionaria desde la primera hora y su condición de sujeto libre y soberano le permite elegir para su vida un lugar privilegiado, no a la sombra del Libertador de América sino a su vera. A causa precisamente de esta libertad que ostentó durante su existencia y luego en la memoria histórica, las referencias a su persona sean en la mayoría de los casos producidas por hombres de letras, de la política, historiadores y analistas, mezquinas, difamadoras, ajenas al perfil de Manuelita que tanto dio que hablar. Al punto que hay una novela famosa del siglo XIX después de su muerte, que causó mucha alharaca, basada en su persona, llamada La esposa de James Thorne, donde se la pinta como una mujer acuciada por su sexualidad, promiscua y cruel. El caso extremo de negación proviene de la desaparición en la historia de Bolívar de momentos, acciones o sucesos donde Manuela está incluida.

Aunque nadie ni nada pudo ocultar el valor de salvar a Bolívar de una emboscada la noche del 25 de septiembre de 1828 cuando alertada por pura intuición que un peligro grande acechaba a su amante, hace huir a Bolívar y ella se interpone entre el fugitivo y los rebeldes a costa de su propia vida. Después de este hecho el mismo general la nombró libertadora del libertador. Mientras la gente que la quería bien la llamaba la Generala. Vestida de hombre a veces, con sus pistolas a la cintura y sus audaces cabalgatas agregó méritos incuestionables a las mujeres independistas.

Cuatro años después de la muerte de Simón Bolívar el gobierno de Colombia la destierra. Un año después intenta regresar a Quito pero su pasaporte es confiscado. Se resguarda en el norte de Perú y allí van a visitarla libertadores como Giuseppe Garibaldi o escritores de la talla de Ricardo Palma.

Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero, dijo poco antes de morir. La peste de la difteria la alcanzó a los 58 años, por lo cual la mayoría de la correspondencia con Bolívar fue incinerada, así como también todo su acervo personal.

Lo último que sé de ella es que hay una calle en Buenos Aires con su nombre y un parque de Mujeres Argentinas donde en un extremo se encuentra su busto de bronce.

coral.aguirre@gmail.com

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