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Jueves , 18.10.2018 / 20:14 Hoy

Columna de Claudia Calvin Venero

Las mujeres son el muro y Donald Trump lo pagará

Claudia Calvin Venero

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Esa fue una de las miles de consignas que pudieron leerse el sábado 21 de enero en la marcha en Washington, DC: “Las mujeres son el muro y Trump lo pagará” (Women are the wall and Trump will pay for it). Millones de mujeres y aliados a sus principios marcharon en repudio a Trump, en la que los medios de comunicación han llamado la marcha más numerosa de un día en la historia de Estados Unidos. De Nueva York a Los Ángeles se sumaron contingentes de cientos de miles de mujeres y en diversas ciudades del mundo se replicaron las voces y la causa.

Con sombreros tejidos de color rosa, mujeres de todas las edades, diferentes procedencias étnicas y nacionales, y diversas preferencias sexuales demostraron a la nueva administración y al mundo que la mitad de la población del planeta no está dispuesta a quedarse callada cuando los derechos, que le ha llevado décadas reivindicar y hacer que sean reconocidos, están amenazados.

La marcha del 21, seguida en redes sociales con el hashtag #WhyIMarch y #WomensMarch, simboliza a la ciudadanía de este siglo que ha crecido en contextos democráticos o lejos de ellos, pero que son su apuesta, que ha votado, que ha participado con las reglas del juego, que ha pagado impuestos, que ha vivido la discriminación, que sabe lo que es ser considerada o considerado “el otro” o “la otra”, que ha desafiado las fronteras para buscar un una mejor vida, que con valor —a pesar del temor que representan el cambio hacia una cultura diferente— ha dejado lo conocido (por decisión o imposición) para sobrevivir.

Simboliza a las mujeres que el siglo pasado defendieron el derecho a votar, a las que han luchado por el derecho a decidir, a las que simplemente, han luchado por el derecho a ser reconocidas en igualdad de circunstancias que los hombres.

En otras palabras, esta marcha simboliza la defensa de los derechos que ha llevado más de un siglo construir y que se ven amenazados con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos y con el creciente neofascismo y regreso al populismo y al nacionalismo que están resurgiendo en diversas partes del mundo.

Quienes marcharon el sábado 21, movidas por la convocatoria que se generó a partir del resultado de la elección de noviembre, lo hacen reconociendo que existen valores y principios que unen a mujeres y hombres de diversas procedencias, con distintos intereses y con historias opuestas, que tienen objetivos comunes que defender y que demostraron que están dispuestas a ser el contrapeso a la política excluyente, xenófoba, populista, nacionalista y que busca imponer “la paz por la fuerza” que pregona la nueva administración.

Esta marcha iniciada por mujeres, y que representa un movimiento, cuyo origen fue la defensa de sus derechos, sumó a su causa la defensa de diferentes grupos y personas. El fundamento de la marcha, como lo dicen sus principios es “Los derechos de las mujeres son derechos humanos. Los derechos humanos son derechos de las mujeres”, la famosa frase que expresó Hillary Clinton en la cuarta conferencia mundial de la mujer en Beijing en 1995.

Además de reconocer la importancia de los derechos de género, la justicia y la igualdad en todos los ámbitos (económico, político y medio ambiente), enfatiza los derechos de todas y todos los migrantes y refugiados, independientemente de su estatus o país de procedencia, y repudia la violación de sus derechos y la discriminación a la que se ven sujetos permanentemente.

Propone que la reforma migratoria sea una hoja de ruta que pueda culminar en la adquisición de la ciudadanía y que en un contexto mundial de migraciones constantes, se reconozca el amor y respeto a los vecinos. Reconoce que la migración es un derecho humano y que la ilegalidad no puede ser condición de ningún ser humano.

Esta es la voz con la que tendrá que dialogar el nuevo presidente de EU. Estas son las ideas que se han expresado, porque tienen voz, rostro y piel de muchos colores, que se escuchan en diferentes idiomas y que exigen su derecho a ser consideradas, no ignoradas.

Esta es la voz que se alzó en Estados Unidos, pero que fue replicada en todo el mundo y que demostró que hoy las fronteras son porosas para las causas de la ciudadanía y la defensa de sus derechos.

Trump borró de la página de la Casa Blanca los derechos humanos; las mujeres serán el muro con el que se enfrentará si insiste en ignorarlos.


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