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La historia en breve

Ah, qué realidad tan jodidamente terca y fea

Ciro Gómez Leyva

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Llevo al menos medio año anhelando escribir un texto que celebre la incontrovertible disminución de los delitos de alto impacto. Pasan los meses y no puedo.

Altos funcionarios del gobierno federal me dijeron que ese momento llegaría en julio. No lo fue. Tampoco lo ha sido agosto. Es verdad que haciendo correlaciones forzadas puede hablarse de una baja en ejecuciones, incluso en secuestros. Solo así, porque nuestra realidad sigue siendo jodidamente terca y fea y no da su brazo a torcer.

De acuerdo con los datos publicados el fin de semana por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, la cifra de ejecutados al cierre de agosto rebasó los 10 mil. Son 10 mil 589. Es el décimo octavo año consecutivo que se rebasa el pavoroso total de 10 mil.

De mantenerse la tendencia de mil 323 ejecuciones mensuales, 2014 cerrará con 15 mil 800 ejecuciones. Sería la mejor cifra desde 2009, cierto, pero son números de escándalo, de guerra.

“Y en secuestros, la reducción en agosto fue tan marginal, que no vale la pena ni destacarla”, me dijo ayer por la mañana Isabel Miranda de Wallace, presidenta de Alto al Secuestro, organización que hace un mes marcaba un aumento de 50 por ciento en este índice en lo que iba del año. Horror: 132 secuestros denunciados en Acapulco en 2014; 114 en Ecatepec, 112 en Cuernavaca, 101 en Morelia, 88 en Neza.

Llevo ocho años contando ejecutados y secuestrados. Nada me gustaría más que dejarlo de hacer. Parafraseando a Émile Zola: quiero ser optimista, no soy optimista.

Porque la terquedad de la violencia en México no parece descansar jamás.

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