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Francotirador

La pregunta que marcó un sexenio… (y que no le hicimos caso)

Celso Mariño

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Era el primer sábado de diciembre. Era en el marco de la Feria Internacional del Libro, como ahora.

El país invitado en la FIL era Alemania, un europeo, como lo es ahora la ciudad convidada: Madrid.

Ese sábado 3 de diciembre de 2011 la Expo Guadalajara lucía abarrotada y el entorno nacional era muy parecido al de hoy: era la víspera de la postulación de candidatos presidenciales. En aquella fecha el PRI ya tenía a un recién ungido “candidato de unidad” (eufemismo de candidato único negociado), ahora está por definirlo –será cuestión de horas o de días para que se disipe la duda y no sigamos “bien despistados”-.

En el penúltimo día de esa edición 25 de la FIL todos los accesos del centro de exposiciones de la ciudad estaban fuertemente custodiados ¿El motivo? Vendría el ex gobernador del estado de México, precandidato presidencial único del PRI y además puntero de las encuestas y lo haría acompañado de su nueva esposa –a un año de ser consorte-, la actriz Angélica Rivera.

Era la presentación de su libro “México, la gran esperanza” (ya es un mal hábito que los presidenciables firmen un texto como suyo para promoverse… perdón: ya es una bonita costumbre que escriban su propuesta política en un oportunísimo libro en el que plasman sus soluciones para el futuro del país).

El salón de la FIL estaba rebosante de políticos: en primerísima fila, Luis Videgaray, Arturo Zamora, Aristóteles Sandoval, Ramiro Hernández y los ex gobernadores priistas Guillermo Cosío y Carlos Rivera, y por supuesto, el jefe del Grupo Universidad y creador de la FIL, Raúl Padilla López, entre muchos otros.

Ese primer momento fue un día de campo para el entonces jovial político, la concurrencia le aplaudió su clarísima visión sobre lo que México necesitaba –¡ajá!-, pero faltaba algo más.

A una sala adjunta al salón de la presentación fue llevado Peña Nieto a hablar con periodistas. El tema local dominante era la reciente renuncia de Humberto Moreira a la dirigencia nacional del PRI al verse envuelto en una serie de señalamientos y sospechas, y por allí empezó la ronda de preguntas en la rueda de prensa. Llegó el turno de Jacobo García, corresponsal del diario español El Mundo; le planteó tres preguntas: “la última es más fácil; en el marco de la feria en que estamos: tres libros que han marcado su vida personal y política, tres autores, tres títulos, los que más han influido en usted”.

Lo que siguió fue el primer gran patinón internacional de Peña Nieto al no poder citar tres libros correctamente: mencionó la Biblia, pero después confundió títulos, autores y mezcló historias, desde que “La silla del águila” era de Enrique Kauze, cuando es de Carlos Fuentes; dijo “Caín y Abel”, cuando se refería a “Kane y Abel” de Jeffrey Archer… A partir de ese momento la imagen pública de Peña Nieto cambió para siempre.

Esto, que para algunos fue solo una anécdota, dibujó de cuerpo completo el estilo de gobierno que seguiría: la mayoría de los títulos de sus promesas, no coincidirían con su contenido. Como el que decía que bajarían los precios de la gasolina, la luz y el gas; el que decía que el nuevo sistema de justicia penal mejoraría la seguridad pública o que Pemex sería más productivo y competitivo o que se tendría un gasto público austero... Y todos los demás, que no supimos leer aquél novelón en la FIL.

celso03@icloud.com

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