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Miércoles , 12.12.2018 / 18:35 Hoy

Francotirador

"Ignorancia atípica"

Celso Mariño

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Cuentan los registros coloniales que el Valle de Atemajac resultaba muy beneficiado en cada temporada de lluvias; aquí había agua suficiente para la entonces errante Guadalajara.

Pero la fuerza de las lluvias y tormentas eléctricas llevó a los pobladores de hace tres siglos a buscar ayuda en las alturas, de la divinidad, y fue por intercesión de la Virgen de Zapopan –refieren los relatos de la época- que el cielo medio dejó en paz a los espantados tapatíos.

Por eso, desde el 14 de noviembre de 1734 la muy venerada imagen recibió un nuevo título: Patrona y Abogada de la ciudad de Guadalajara contra Rayos, Tempestades y Epidemias. ¡Hace 284 años!

Así, sería de esperarse que la ciudad creciera considerando esos factores, pero resulta que no.

Las lluvias de las últimas semanas nos restregaron en la cara –como cada año- que no abusemos: no todo es pedir a la Virgen que no llueva, o culpar al cambio climático de las corrientes que arrastran autos, árboles, escombro, fincas... y vidas.

Esta semana, uno de los más altos directivos del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), sostuvo que ningún colector que se haga puede conducir avenidas de más de 500 metros cúbicos por segundo, como la que se registró hace 14 días en la Avenida Patria, por la lluvia atípica de ese día. Y seguramente tiene razón, por eso la naturaleza nos lo hizo gratis: es el canal de avenida Patria. El asunto es, si ya nos lo hizo alguien –o algo- ¿por qué lo obstruimos? ¿por qué le tapamos o restringimos su cauce?

Allí y en otras cuencas la naturaleza nos había dejado canales y arroyos ¿y qué hicimos? ¿qué han hecho nuestros gobiernos? Pues, autorizar más desarrollos sin áreas de absorción, crecer la plancha de cemento y aumentar, con ello, los escurrimientos.

Un viejo técnico explicaba el problema de las inundaciones en Guadalajara de la siguiente manera: Nadie le invierte a colectores, porque no se ven; no se pueden presumir en las campañas. A lo que habría que añadir el descontrol -¿o corrupción, no verdad?- en la autorización de viviendas y desarrollos en terrenos inadecuados.

Otra. La cuenca del Deán volvió a inundar varias calles pese a las magníficas obras recientes, pero que el agua de lluvia se resiste a respetar los serenísimos criterios gubernamentales. ¡Chín!

Un argumento que alienta la porra de las autoridades locales es el culpar a los ciudadanos de tirar basura en las calles la que bloquea las bocas de tormenta y desagües. Seguramente tienen razón; por extensión, entonces, podemos deducir que los ciudadanos somos los culpables de haber tirado nuestro voto a la basura, y por haber dejado que la basura se encargara de los problemas “atípicos”.

celso03@icloud.com

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