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Domingo , 24.06.2018 / 19:43 Hoy

Malas compañías

Los títulos

Celeste Ramírez

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Es tan válido comprar un libro, sólo porque nos gustó el título, que dejar de leer otro porque nos pareció aburrido. Los puristas –bien letrados y leídos- dirán que ambas cosas son incorrectas; no se debe juzgar la obra por el título y que, por respeto, siempre, absolutamente siempre, se debe concluir un libro.

Ambas consideraciones me parecen válidas y ya habrá quien las lleve a cabo. He comprado libros sólo por el título y sí me he llevado enormes chascos. En estos casos la mercadotecnia disfraza la débil calidad. Hay muchos ejemplos: la trilogía –y el añadido- del señor Grey.

Y también he dejado a la mitad novelas de autores que han sido condecorados con el Nobel. Confieso mi incapacidad hacia las historias desgarradoras. Nuestra desconcertante realidad –la de diario y a todas horas- tiene suficiente dosis de sufrimiento. Tenemos una sociedad desarticulada y violenta.

A la hora de titular una novela, los autores se enfrentan a desafíos. Hay títulos contundentes que buscan reflejar la esencia de la historias; otros son absolutamente aburridos y sin mucha consistencia, títulos flojos, sin "golpe".

De entre esos millones de títulos hay muchos que se leen extraordinarios. Por ejemplo, Milán Kundera: El libro de la risa y el olvido; o El libro de los amores ridículos. O de Juan Marsé: Caligrafía de los sueños, también Noticias felices en aviones de papel. Estos títulos tienen una enorme poética.

También hay títulos que rebasan al autor, títulos que son famosos. Un ejemplo, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, (el Quijote, comúnmente conocido). O El Código Da Vinci. Además Cien años de soledad.

Una de las novelas más famosas de la literatura universal es El nombre de la rosa, de Umberto Eco.Tiene un título interesante y también grandes seguidores. La novela tuvo una versión fílmica (1986) protagonizada por Sean Connery y Christian Slater. No he visto la película, ni he leído la novela, confieso. Sé que estoy en pecado mortal...

Ésta es una de esas novelas que todo mundo afirma haber leído (lo mismo pasa con Cien años de soledad y el Quijote). Hubo múltiples menciones en redes sociales al conocerse el deceso del escrito Umberto Eco.

La muerte del escritor es una ausencia terrible para las letras universales. Como gran autor, lo recuerdo por la dificultad que tuve como lectora de El péndulo de Foucault (1989), una historia profunda y maravillosa.

Cuando se publicó la novela, varios estudiosos tuvieron a bien realizar un diccionario para leer El péndulo de..., el cual explica el significado de las doctrinas, sectas, mitos, personajes, nombres, lugares y obras literarias o de pensamiento que aparecen mencionadas o imbricadas en la trama de la novela de Umberto Eco. (El País, 1990)

También recuerdo con cariño a Eco por La misteriosa llama de la reina Loana, extraordinaria novela ilustrada llena de nostalgia e ironía. La edición DeBolsillo (2006) es muy hermosa. Es la historia de un hombre que recurre a los objetos y recuerdos de un desván para reconstruir su memoria.

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