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Martes , 25.09.2018 / 04:51 Hoy

Malas compañías

Las mujeres de García Márquez

Celeste Ramírez

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Uno de los rasgos más simbólicos en la literatura de Gabriel García Márquez ha sido la construcción de personajes femeninos de honda presencia.

Personalidades disímiles: contundentes, amorosas, conmovedoras, terribles.

Mujeres de cohesión y de fuerza.

Mujeres que enfrentan su destino con valentía.

El personaje femenino más determinante en la obra de GGM (y en una buena parte de la literatura latinoamericana) ha sido la gran matriarca: Úrsula Iguarán, quien, con José Arcadio Buendía, funda Macondo.

Vivió el desarrollo del pueblo y de su familia (siete generaciones). Fue líder de las mujeres de Macondo. Murió tarde, muy tarde, un Jueves Santo con un centenar y más –muchos más- de años.

Úrsula Iguarán y su miedo a engendrar hijos con cola de cerdo por casarse con su primo.

Úrsula y su negocio de animalitos de caramelo. En apariencia tiene un rol tradicional e incluso solitario. Pero es la que une.

Otras mujeres en Cien años de soledad son: la celosa Amaranta y su odio sempiterno a la adoptiva Rebeca Buendía (la que llega a Macondo cargando la bolsa con los huesos de sus padres: clac, clac, clac).

Remedios la bella (hija mayor del nieto de los fundadores de Macondo), mujer de hermosura insólita que literalmente asciende a los cielos.

Hay personajes femeninos que nos pueden robar el corazón: Delgadina (Memorias de mis putas tristes), niña de 14 años, "un tierno toro de lidia" con "nariz altiva, cejas encontradas y labios intensos".

O Ángela Vicario (Crónica de una muerte anunciada), hija menor de una familia de recursos escasos, quien estoica asume su destino adverso y su noche funesta.

"En prueba de mi amor te envío mis lágrimas", decía una de las cartas que durante media vida, le envía a Bayardo San Román, el marido que la regresó a sus padres después de la noche de bodas: "por cuestión de honor".

"—Bueno --dijo--, aquí estoy.

Llevaba la maleta de la ropa para quedarse, y otra maleta igual con casi dos mil cartas que ella le había escrito. Estaban ordenadas por sus fechas, en paquetes cosidos con cintas de colores, y todas sin abrir".

Tiene un andar de venada, un carácter cerrero (que los años matizaron), la elegancia y la dignidad: Fermina Daza.

"-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? --le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

--Toda la vida --dijo". (El amor en los tiempos del cólera).

Hay más mujeres fuertes en la obra de Márquez.

Hablaremos de ellas en futuras entregas.

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