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Domingo , 21.10.2018 / 01:24 Hoy

Malas compañías

En el librero

Celeste Ramírez

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Las vacaciones son el momento ideal para realizar una limpieza profunda en el hogar. No hay de otra.

Las vacaciones son el mejor momento para desempolvar los libreros y reencontrarse con lo olvidado. Entre las páginas de los libros he encontrado viejos boletos de estacionamiento que nunca supe dónde perdí, fotografías, recados o recordatorios en papel, trozos de textos que nunca escribí, subrayados de citas o anotaciones.

En los libreros hay dulces hallazgos. También están esos libros que, más allá del título o el autor, nos recuerdan algo.

También hay libros viejos.

Una colección de literatura universal, Club Bruguera (1980) con tapas duras y caratulas de colores. Una edición de bolsillo sin mayores pretensiones que durante mi niñez y adolescencia me permitió pasar horas de esparcimiento.

Títulos muy esenciales como A sangre fría, de Truman Capote; Nueva antología personal, de Jorge Luis Borges; El Otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez; El americano impasible, de Graham Greene; Adiós a las armas, de Ernest Hemingway.

La arbolada perdida, de Rafael Albertí; El amante de lady Chatterley, de D.H Lawrence; La colmena, de Camilo José Cela; Pantaleón y las visitadoras, Mario Vargas Llosa; Para nacer he nacido, de Pablo Neruda; Si te dicen que caí, de Juan Marsé; La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes; La piel de zarpa, de Honoré de Balzac; El siglo de las luces, de Alejo Carpentier; Exiliados, de James Joyce. Y más.

En esa edición, también apareció el clásico de R.L Stevenson, La Isla del Tesoro, esencial en la juventud.

Esos libros fueron formativos y, en épocas de pocos recursos en el hogar y necesidades escolares, nos permitieron salir adelante a mis hermanas y a mí cuando se requería de un autor, una novela, un cuento o un ejemplo de poema.

Guardo como mucho cariño esos viejos ejemplares Bruguera. Esa colección de la infancia.

Se llega a tener cariño por las hojas amarillentas que guardan polvo y nos hacen estornudar.

Cosas extrañas.

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