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Lunes , 15.10.2018 / 17:41 Hoy

Malas compañías

De síndromes y otras ‘flojeras’

Celeste Ramírez

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Te peleas al primer timbre del despertador. Ese canalla que timbra, que canta, que habla, que reza o que interpreta una baladita simplona. Oyes refunfuñar al de al lado. Envidias que jale las cobijas y voltee hacia el otro lado. La cama te llama, te promete. El hueco del colchón, el de la almohada, se impacta en el corazón. No te quieres levantar.

Piensas regalarte otros cinco minutos, pero a la primera ronda del reloj llega a ti esa lista interminable de cosas por hacer. Ni modo.

Pides el primer café como si le exigieras al cantinero que te llene la copa. Y pides otro café y otro. Y otro más para llevar. Te despiertas...

Con más temblores que en un Istmo te encaminas al trabajo. Oteas la vida desde una conexión a internet. Y bajas y subes y subes y bajas. El iris cristalizado y el pantalón arrugado. Antes del mediodía te sobrecoge una flojera marca diablo.

Y miras las manecillas y oyes el tic-tac. Te pesan los párpados, te resuena una orquesta en el tímpano. La cabeza a punto de explotar. ¡Si juro por Dios que no tomé, ni siquiera olí tequila! Te convences que no es resaca. Te sobreviene la comezón en la fosa nasal; te paras y te sientas, caminas, tiemblas y vibras como celular de adolescente. Se te mueve la tripa, se te reacomoda el riñón. Vacías una y otra vez la vejiga ansiosa. Estornudas.

A la siguiente vuelta del reloj sonríes. Luego te enojas. Dejas a un lado los papeles. Volteas al siguiente escritorio enemigo. Calculas, piensas y remontas. Nada te sale como ayer. La temperatura sube y luego baja.

Te despersonalizas en las paredes. Y te sirves otra taza de café. Te irritas, te distancias, te frustras y te entristeces. Te desdoblas y vuelas a un edén prometido.

Regresan implacables: el dolor de cabeza, el malestar muscular, la agrura, la náusea volátil, el estornudo, las alergias. El vaivén te arremete, te tira, te cansas y apenas son las doce y media del día. Y, entonces vuelves a llenar la taza de café.

Y te cuestionas y te estremece el cansancio, otra vez.

--¡Pero tú tranquilo! ¡No pasa nada!

Lo que tienes es algo que se llama síndrome de Bournout. Estás incluido en el 40 por ciento de los trabajadores que presentan síntomas de fatiga crónica.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alerta que en México los trabajadores laboran anualmente 500 horas más al año y sólo tienen seis días al año de vacaciones.

--¿Y el 60 por ciento restante?, me preguntarás.

-- No lo sé. Yo vivo cerca del Nevado de Toluca. Y soy feliz.

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