• Regístrate
Estás leyendo: Votar por unos, anular a otros
Comparte esta noticia
Viernes , 19.10.2018 / 09:36 Hoy

Carta de viaje

Votar por unos, anular a otros

Carlos Tello Díaz

Publicidad
Publicidad

El domingo 7 de junio, más de 83 millones de mexicanos están convocados a sufragar para elegir los 500 legisladores que integran la Cámara de Diputados. Nueve estados elegirán a su gobernador y 16 entidades votarán para formar sus congresos y sus ayuntamientos. Un total de más de 2 mil cargos de elección popular. Para poder elegirlos será necesario instalar cerca de 150 mil casillas en toda la República, operadas por un millón 200 mil ciudadanos seleccionados al azar para ser capacitados por el INE. Esto en sí mismo es algo grandioso, que hemos construido con esfuerzo y que debemos de cuidar y valorar.

Muchos mexicanos vamos a votar sin ganas, como dice Gabriel Zaid. Muchos otros no van a votar. Algunos van a asistir a las casillas para anular su voto. Unos más van a tratar de sabotear las elecciones. Yo soy de los que van a votar sin ganas por los candidatos que me parezcan preferibles a los otros, a votar en blanco por el resto, cuando ninguno en mi opinión sea mejor a los demás: votar por unos, anular a otros. El resto de los mexicanos —tal vez la mayoría— no va a votar, es decir, estará ausente o anulará su voto o tratará de boicotear las elecciones.

Entiendo a los mexicanos que estarán ausentes el día de la elección, desencantados con las instituciones, hartos de los partidos y los políticos, abrumados por la violencia, la corrupción y la impunidad, y desgastados por el estancamiento de la economía, aunque me parece que están equivocados al despreciar así una elección en la que será conformada la Cámara de Diputados de un país que ha dejado de estar sujeto, como antes, a la voluntad del presidente de la República. Entiendo también —perfectamente— a los mexicanos que van a acudir a las urnas para manifestar su rechazo al sistema de partidos que tenemos con la anulación de su voto, para protestar contra la corrupción, la complicidad y el cinismo de la clase política, pero no estoy de acuerdo con ellos en que todos los candidatos son iguales: hay unos mejores que otros, unos que están dispuestos a publicar su declaración patrimonial y fiscal de los últimos tres años, por ejemplo, con los cuales es posible en principio trabajar para cambiar las cosas. Y rechazo desde luego por completo a los que buscan impedir la instalación de las casillas para boicotear las elecciones, a los que apuestan a extender la noción de que es legítimo, en defensa de su causa, violar el derecho al sufragio del resto de los ciudadanos, disidentes del magisterio en su mayoría, anarquistas otros más, así llamados por ellos mismos, que crecen porque lo permite la autoridad, pero también la sociedad, en Oaxaca, en Guerrero, en Michoacán, en Chiapas…

Entre los que están hartos del sistema político electoral que tenemos, por lo que no votan o anulan su voto o buscan que nadie más vote, me interesa, como a todo el mundo, un caso similar, porque también es antisistémico, pero distinto, porque busca justamente la solución a los problemas en el voto: el del candidato Jaime Rodríguez en Nuevo León. El Bronco es un candidato que dice ser independiente. No lo es: fue militante del PRI durante más de 30 años, hasta hace apenas ocho meses, pero así es percibido por la población. El Bronco sabe perfectamente que esa es su fuerza, la que lo tiene arriba en las encuestas para el gobierno de su estado: “La gente está harta de los partidos políticos, punto”, por eso permanece al margen de ellos, al grado de renunciar a una plataforma que lo pueda identificar con alguno (dice ser “ni de derecha ni de izquierda ni de centro”). Entiendo que la gente vea en su triunfo una derrota de los partidos, cada vez más alejados de la sociedad.

ctello@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.