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Jueves , 18.10.2018 / 00:32 Hoy

Carta de viaje

Miahuatlán

Carlos Tello Díaz

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Oaxaca celebra en estos días el 150 aniversario de las victorias contra las tropas del Imperio de Maximiliano que empezaron con Miahua-tlán, siguieron con La Carbonera y culminaron con la toma de Oaxaca, con las que concluyó la llamada Campaña de Oriente, que permitió tomar la ciudad de Puebla, auxiliar a las tropas que sitiaban Querétaro y, al final, ocupar Ciudad de México, con lo cual triunfó la República.

Quiero dedicar estas líneas a la batalla de Miahuatlán, que tuvo lugar en la Loma de los Nogales la tarde del 3 de octubre de 1866 y que fue una derrota costosa para las fuerzas que sostenían a Maximiliano, en particular para los miembros del Cuerpo Expedicionario de Francia. Veinte de ellos murieron durante la batalla, sin contar a tres más que, heridos, sucumbieron después en el hospital de campaña establecido en el pueblo. Los republicanos los vieron combatir hasta el final, a pie, ya sin caballos, que habían perdido, en las faldas de la Loma de los Nogales. Pertenecían al 8º Batallón de Cazadores, que mandaba Zacharie Testard. El capitán Testard había estudiado, con notable distinción, en la Escuela de Saint-Cyr. Había sido herido en la batalla de Malakoff, durante la guerra de Crimea; había visto acción en Italia y Argelia, y había sido por un tiempo ordenanza del general Elie Forey, con quien llegó a México. Acababa de tomar hacía unos meses, cansado de las funciones de ordenanza, el mando de su batallón. "Eminentes virtudes militares", decía su expediente, conservado en Saint-Cyr. "Constitución muy fuerte. Intrépido y sin embargo de una bondad extrema. Individuo con un gran porvenir". Muchos años después, al comienzo de su exilio, durante la visita que hizo a Los Inválidos, el general Porfirio Díaz habría de recordar el brío de Zacharie Testard, caído en la Loma de los Nogales, que por instrucciones suyas fue sepultado con honores en el camposanto de Miahuatlán. Su perro, dijo, no dejaba que nadie se acercara al cadáver de Testard: fue necesario apaciguarlo para recoger su espada, que se mandó después a su familia por conducto del mariscal Bazaine. El guardián de Los Inválidos, Gustave Niox, presente en aquel encuentro, ya general, conocía también al muchacho del que hablaban, a quien había evocado medio siglo atrás ("un valiente oficial francés, el jefe de batallón Testard") en su testimonio sobre la guerra de Intervención. Muchos otros, con él, habían sido sorprendidos por la muerte aquel día de octubre, entre las flores silvestres que poblaban la Loma de los Nogales.

"Después de haber demostrado un valor digno de una mejor causa, de haber visto caer a su comandante, a sus oficiales y a casi todos sus camaradas, ya solos, abandonados en el campo de batalla y considerando imposible cualquier resistencia", escribió Porfirio Díaz, "este puñado de hombres, la mayoría heridos, se rindieron. Siendo yo mismo soldado, los respeto como enemigos vencidos y desarmados y los trato como tales". Hizo llegar a sus mandos los documentos y las condecoraciones de todos los soldados caídos, a quienes años después habría de erigir un obelisco en las afueras del pueblo, con esta inscripción: A la memoria de los oficiales y soldados franceses que murieron combatiendo en Miahuatlán, a 3 de octubre de 1870, en testimonio de su valentía, el ciudadano general Porfirio Díaz les hizo levantar este monumento.

*Investigador de la UNAM (CIALC)

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