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Viernes , 22.06.2018 / 10:36 Hoy

Carta de viaje

Los ricos y los pobres

Carlos Tello Díaz

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La más grande tragedia en el mundo, junto con la destrucción ambiental, es a mi juicio la desigualdad extrema. Además de ser una tragedia, por existir, es también un problema, en el sentido de que tiene solución —algo que debemos resolver para que la vida sea viable—. Y si queremos resolverlo, tenemos que entenderlo.

Es antigua la desigualdad en México. Antes de su nacimiento, cuando nuestro país era aún una colonia, Alexander von Humboldt escribía con asombro sobre la desigualdad que observaba a su alrededor, en el Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. Más tarde, a mitad del siglo XIX, Mariano Otero, al reflexionar sobre las condiciones necesarias para formar una nación, argumentaba que faltaba la comunidad de valores y de experiencias comunes, imposible de tener por la desigualdad que había en México. En nuestro país, los más ricos son blancos (emigrantes, europeos en su origen) y los más pobres son indios (nativos, americanos en su origen). Ahí está, me parece, la explicación de la desigualdad histórica de México. Su causa más profunda, es decir, estructural, es la irrupción violenta de una cultura y un pueblo (blanco, occidental) que no aniquiló (como en Estados Unidos, Argentina o Australia), pero que sí marginó (como en Guatemala, Sudáfrica y Papúa Nueva Guinea) a la otra cultura y al otro pueblo (indígena, no occidental). Muchos de los países que tienen esta historia son los que padecen la desigualdad más grande, basada en la opresión de los occidentales sobre los que no son occidentales.

Hoy en día, dos siglos después de nuestra independencia, la desigualdad en México ha adquirido un nivel inaudito, gigantesco y trágico. En México, el 10 por ciento más rico de la población concentra 64 por ciento de toda la riqueza del país. Pero incluso en ese grupo, la riqueza está escandalosamente concentrada, pues 1 por ciento de la población acapara 43 por ciento de la riqueza del país. En ese 1 por ciento están los cuatro hombres más ricos de México. Ellos eran dueños en 2002 de 2 por ciento del PIB; 10 años después son ya dueños de 9 por ciento. Y mientras estos cuatro multimillonarios tienen una riqueza que representa alrededor de la décima parte del PIB, la mitad de los mexicanos vive en la pobreza: unos 50 millones, casi la mitad, de los cuales 23 millones no pueden adquirir la canasta básica. Estas cifras las tomo del informe que Gerardo Esquivel realizó hace un par de años para Oxfam. La explicación de esta forma extrema de desigualdad no es el desplazamiento de una cultura y un pueblo por otra cultura y otro pueblo, que da cuenta de la desigualdad histórica. En este caso, argumenta Esquivel, la desigualdad extrema debe ser explicada por la captura política del Estado por parte de la élite económica de México.

La desigualdad en nuestro país es enorme. Pero no hay que dejar de verla en perspectiva. Normalmente, por desigualdad económica queremos decir desigualdad en el ingreso. Según este criterio, entre los países más desiguales en el mundo están Sudáfrica, Namibia, China, Guatemala y Haití, y entre los países con mejor distribución del ingreso están Noruega, Suecia, Ucrania, Eslovenia y los Países Bajos. México está por abajo del promedio en términos de la desigualdad del ingreso: más o menos en la posición 123 de 159. Tiene una desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, de 0.45-0.50, similar a la de Estados Unidos en Norteamérica y Ecuador y Perú en Sudamérica. Es un país menos desigual que Brasil y Colombia, pero bastante más desigual que Cuba y Uruguay.

*Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

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