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Los Reyes Magos

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Las fiestas más antiguas de la Cristiandad fueron celebradas por Ireneo y Tertuliano en el siglo III. En ellas tenía predominancia la Epifanía, el momento en que los Reyes Magos visitaron al niño Jesús en su pesebre de Belén —en otras palabras, el día en que fue revelada al mundo la existencia de Cristo.

Parecía natural celebrar ese momento, pero también era extraño, pues resulta exigua la evidencia de ese episodio en la Biblia. El Evangelio de San Mateo es, de hecho, el único que habla de los “magos de Oriente”. Su relato da comienzo con estas palabras: “Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en los tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén” (Mateo 2:1-4). San Mateo agrega que los magos preguntaron por el rey de los judíos, al que llegaban a adorar, pues habían visto su estrella brillar en Oriente, y que la estrella los guió hasta el pesebre, donde aguardaba Jesús con su madre, María. El texto de San Mateo afirma que el niño recibió tres regalos: oro, incienso y mirra, pero no dice cuántos magos eran ni qué edad tenían, ni cuáles eran sus nombres. Tampoco dice que fueran reyes (eran magos: hombres sabios) ni revela su país de origen (aunque afirma que venían de Oriente). Esas cualidades se fueron adhiriendo a su leyenda poco a poco, con el paso de los siglos.

El pensador Orígenes, nacido en Alejandría, dedujo que, como eran tres los regalos, debían también ser tres los magos; el teólogo Tertuliano, nacido en Cartago, otorgó a esos magos el atributo de la realeza. Ambas fueron invenciones del siglo III. Sus nombres, a su vez, están documentados por primera vez en un mosaico bizantino del siglo VI realizado en Ravena, al noreste de Italia. El mosaico tiene una inscripción que identifica a los magos con estos nombres: Melchior, Gaspar y Balthassar. En el mosaico de Ravena, Melchior aparece representado como un joven que lleva una caja de incienso, Gaspar como un anciano que lleva una ofrenda de oro y Balthassar como un hombre de barba obscura (aunque el color de su piel es blanco) que porta un recipiente con mirra. Más adelante, Bede el Venerable, nacido en Harrow, uno de los eruditos más destacados de la Edad Media, intercambió en el siglo VIII los rasgos físicos atribuidos a los dos primeros magos: Melchor, en su versión, es un anciano que ofreció el oro, símbolo de la realeza, y Gaspar un joven que honró a Jesús con incienso, símbolo de la divinidad (Baltasar, agrega, le dio mirra, que significaba que el niño al que adoraban debía morir en la Tierra). Fue hasta el siglo XVI cuando el semblante de Baltasar, descrito hasta entonces como el más moreno de los reyes, cambió de pronto: asumió el color y la fisonomía de los negros. Así lo representan ya, en sus pinturas, Hans Memling, Albrecht Durer y Hieronymous Bosch, y más tarde Diego Velázquez, Pieter Paul Rubens y Giambattista Tiepolo. El cambio en la iconografía correspondía a los hallazgos de nuevas tierras y nuevos pueblos hechos por los descubridores del siglo XVI, así como a las necesidades de los evangelizadores que buscaron identificar a los reyes con los continentes: Melchor con Europa, Gaspar con Asia y Baltasar con África.

En México, los Reyes Magos traen regalos a los niños que se portan bien, la mañana del 6 de enero. Es una tradición heredada de España, donde la creencia empezó a tomar arraigo a mediados del siglo XIX.

*Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

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