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Sábado , 20.10.2018 / 15:18 Hoy

Carta de viaje

López Obrador antes de ser AMLO/ II

Carlos Tello Díaz

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En julio de 1976, a los 23 años, López Obrador se integró a la campaña del poeta Carlos Pellicer, quien buscaba un lugar en el Senado por el PRI. Comenzó así su carrera en lo que era todavía, sin duda, el partido hegemónico en el país, en el que habría de militar por más de una década, sobre todo en Villahermosa. En octubre de 1982 ocupó la dirección del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI en Tabasco; en febrero de 1983, al ganar la gubernatura del estado Enrique González Pedrero, su profesor en la UNAM, asumió la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI. En ese año, el presidente del partido en el país era Adolfo Lugo Verduzco y el presidente de la República era Miguel de la Madrid. Un dinosaurio antediluviano y un tecnócrata neoliberal. Por eso no queda claro por qué razón Andrés Manuel pensaba que el partido era la vanguardia del cambio justiciero en México. “El PRI era para mí un pacto de revolucionarios, un partido que tenía el deber de actuar siempre en beneficio de las clases más pobres de la sociedad”, escribiría en su libro Tabasco, víctima del fraude electoral. “Consideraba que como partido mayoritario, el PRI tenía que estar en la vanguardia de la reforma política y ser el principal agente modernizador de todo el sistema”. A mediados de la década de los 80, el PRI había dejado de ser, hacía ya tiempo, un pacto de revolucionarios.

López Obrador duró solo seis meses al frente del PRI en Tabasco. Tenía en contra a los presidentes municipales, que solicitaron su dimisión ante González Pedrero —quien “se echó para atrás en el compromiso de reformar al PRI”, escribiría más tarde—. Pero él mismo, al salir hacia la capital del país, permaneció en el partido, donde ingresó como maestro del Instituto de Capacitación Política. En 1988, nacido ya el Frente Democrático Nacional, dividida ya la familia revolucionaria con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel pensaba todavía en el PRI. Con esa determinación fue a ver a Salvador Neme Castillo, senador y precandidato para el gobierno de Tabasco. Le dijo que tenía interés en ser candidato del partido a la presidencia municipal de Macuspana. Neme le contestó que no, para no buscar pleitos con González Pedrero. Ello no obstante, él mismo permaneció en el PRI durante la campaña de Carlos Salinas. Fue después de la elección del 6 de julio que Graco Ramírez Garrido, entonces diputado del PMS, lo presentó con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, quienes lo animaron a que aceptara la candidatura del FDN en Tabasco, justamente contra Neme. “Me vi en la disyuntiva: o seguir en el PRI a pesar de que sabía que ya no representaba los intereses de las mayorías, o salía de él para ser consecuente con mis ideas y contribuir a la lucha de millones de mexicanos para hacer efectiva la democracia”, expresaría López Obrador. ¿Desde cuándo ese partido no representaba ya los intereses de las mayorías? ¿Desde la primavera de 1988, cuando Salvador Neme rechazó su solicitud de ser candidato del PRI en el municipio de Macuspana? No sabemos qué hubiera sido de López Obrador si Neme le hubiera dado la presidencia de Macuspana, como no sabemos lo que hubiera sido de Muñoz Ledo si Miguel de la Madrid le hubiera dado la embajada en Londres.

Andrés Manuel aceptó ser el candidato del FDM para el gobierno de Tabasco. Tres días después estaba en Villahermosa. La campaña arrancó el 8 de agosto de 1988 en Mazeteupa. Así empezó la nueva vida de Andrés Manuel.

*Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

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