• Regístrate
Estás leyendo: La Gran Revolución Cultural Proletaria
Comparte esta noticia
Miércoles , 16.01.2019 / 19:25 Hoy

Carta de viaje

La Gran Revolución Cultural Proletaria

Carlos Tello Díaz

Publicidad
Publicidad

Es el año de 1966: la Circular del 16 de mayo acaba de detonar en el país una época de destrucción y persecución que habrá de durar diez años, conocida con el nombre de la Gran Revolución Cultural Proletaria, oficialmente lanzada por Mao Tse-Tung para "preservar la pureza de la ideología comunista" y "eliminar los elementos pro-capitalistas", en realidad para recuperar el poder tras el fracaso del Gran Salto Adelante, proyecto impulsado por él mismo, que a fines de los 50 provocó una hambruna que mató, según los cálculos más recientes, a 45 millones de personas en China. Frente a una tragedia de esa magnitud, el Partido Comunista rechaza a Mao, lo reemplaza por Liu Shaoqi, quien intenta reconstruir la economía devastada de su país a partir de 1959. En vano. Liu será más tarde —destituido en 1966, aprehendido en 1967, muerto en 1969, tras sufrir torturas y humillaciones— una de las primeras víctimas de la Revolución Cultural. Incitados por la Circular del 16 de mayo, miles de jóvenes organizados en guardias rojas desatan la persecución en China. "Millones de personas mueren, innumerables monumentos culturales y religiosos son destruidos por un movimiento que perdura hasta la muerte de Mao en 1976, dejando un país en estado de shock, una economía paralizada y una sociedad profundamente traumatizada", escribe Le Nouvel Observateur, el semanario de la izquierda ilustrada de Francia, en el dossier de fotografías que publica esta semana bajo el título de "Hace 50 años: la locura asesina de la Revolución Cultural".

En agosto de 1966, el Comité Central del Partido Comunista adopta la decisión de "aplastar a los dirigentes que han adoptado la vía del capitalismo", pero hace más: incita a los jóvenes a destruir "las antiguallas" —es decir, las viejas ideas, la cultura tradicional, las costumbres, los hábitos ancestrales... Todos los sitios culturales, históricos y religiosos del país son tomados por asalto. Personajes eminentes del pasado son exhumados y quemados. Las bibliotecas más antiguas son saqueadas y quemadas. En Beijing, miles de monumentos son destruidos; en Tibet, los 6 mil monasterios son casi en su totalidad dinamitados. La cultura en todas sus manifestaciones es reprimida por la esposa de Mao, la ex actriz Jiang Qing, nombrada cabeza del Grupo de la Revolución Cultural.

El movimiento, con el tiempo, sale fuera de control: aparece en el país el fantasma de la guerra civil. Mao trata de restablecer el orden a fines de los 60: miles de jefes de guardias rojas son ejecutados, millones de guardias rojas son forzados a vivir en el campo para ser "reeducados por las masas". A partir de 1971, Chu En-Lai, presidente del Consejo de Ministros, ya muy enfermo, obtiene autorización de Mao para echar a andar la economía y la administración. Chu acude a su protegido Deng Xiaoping, a quien acaba de rehabilitar luego de ser una de las víctimas de la Revolución Cultural. Los radicales, encabezados por la esposa de Mao, lanzan entonces la campaña de la Crítica de Confucio, un ataque contra la tradición que es en realidad un ataque contra Chu y Deng, acusados de promover la vía del capitalismo en China. La lucha entre las dos facciones dura hasta la muerte de Mao en 1976. La Revolución Cultural ha terminado. En 1978, Deng Xiaoping lanza una serie de reformas para impulsar la economía de China. La Banda de los Cuatro, encabezada por la viuda de Mao, es juzgada en 1980 por la muerte de miles de personas: su juicio, difundido por la televisión, permite condenar la Revolución Cultural sin poner en cuestión la herencia de Mao ni la legitimidad del Partido Comunista. Es así que la imagen de Mao preside, hasta el día de hoy, la Plaza de Tiananmén. Algo que no es fácil de entender.

ctello@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.