• Regístrate
Estás leyendo: La Carbonera
Comparte esta noticia
Lunes , 20.08.2018 / 16:40 Hoy

Carta de viaje

La Carbonera

Carlos Tello Díaz

Publicidad
Publicidad

Son las siete de la noche y me encuentro en el paraje de Las Minas, después de tres leguas de persecución al enemigo, teniendo en mi poder 396 prisioneros austriacos, polacos y húngaros, de los cuales siete son oficiales. Tengo también cuatro piezas rayadas de montaña, más de 600 carabinas y un buen surtido de municiones, costándome algunas pérdidas bastante lamentables. El Supremo Gobierno me perdonará que le dé este parte sinóptico en lugar del detallado que daré más tarde, pero no tengo tiempo para más". Así dice el parte de guerra del general Porfirio Díaz dirigido al ministro de Guerra de Juárez, conservado en el tomo II, foja 388 del Expediente de Porfirio Díaz, en el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional. Una copia del parte, enmarcado, cuelga en la pared del Archivo Histórico. Hace referencia a una de las victorias más brillantes de México en la guerra de Intervención: la batalla de La Carbonera, en Oaxaca.

Porfirio Díaz no ignoraba el significado que tenía la batalla que acababa de ganar. "Con la victoria de La Carbonera no solo se conquista Oaxaca, sino que todo el estado, con excepción de Tehuantepec, queda libre de imperialistas", le confió, con razón, a un aliado de la República. La clave de la victoria fue la noticia que tuvo del avance del enemigo hacia Oaxaca para socorrer a la guarnición —noticia que llegó a sus manos un par de días antes del encuentro en La Carbonera. ¿Cuál era su origen? Díaz afirma en sus memorias que interceptó a los austriacos una comunicación en que avisaban de su marcha al general en jefe de los imperialistas. Es posible que así haya sido. Pero hay una segunda posibilidad, que no excluye a la primera. La señora Antonia Labastida vivía en 1866 en Tehuacán, un pueblo por el que pasaban todos los que viajaban entre Puebla y Oaxaca. Era la tía —y la informante— de Porfirio. Al tener noticia del avance de los imperialistas en apoyo de la guarnición de Oaxaca, sitiada por los republicanos, le mandó una nota en clave hasta su cuartel en los Valles Centrales. "Querido compadre, hoy salieron los mozos. Llevan
10 000 pesos en plata, 500 en oro, seis piezas de manta y todas las medicinas. Su comadre que lo estima, Antonia Labastida". Así le decía el mensaje, escrito en un trozo de papel. "Quería decir", señala un historiador que lo tuvo en sus manos, "un mil de infantes, quinientos dragones, seis piezas de artillería y parque abundante". Los imperialistas formaban, en efecto, una fuerza de mil quinientos soldados de las tres armas, según el parte de guerra; tenían con ellos, además, municiones en abundancia, aunque solo cuatro cañones, no seis, de acuerdo con los testigos. Si esto es así, el general le debió a su tía la información que le permitió derrotar a los imperialistas en La Carbonera.

Doña Antonia moriría quince años después, pero en el recuerdo de los oaxaqueños viviría para siempre. La plazuela de la Sangre de Cristo, sembrada con fresnos, sería más tarde bautizada como jardín Antonia Labastida, acaso a instancias de Porfirio. A nadie habría de sorprender ese homenaje, pues su papel en el triunfo de La Carbonera era conocido por los habitantes de Oaxaca. "La señora Labastida de Lanza prestó muchos servicios a la causa de la libertad y al triunfo del sistema republicano, y tuvo grande amistad con los principales autores de la Reforma", recapitularía un cronista del siglo XIX. "Personas bien informadas nos han comunicado que a un aviso oportuno de la señora Labastida debió el general Díaz haber llevado a cabo el golpe maestro que dio a las fuerzas imperiales en La Carbonera".

*Investigador de la UNAM (CIALC)
ctello@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.