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Viernes , 22.06.2018 / 20:48 Hoy

Carta de viaje

Historia de las Olimpiadas

Carlos Tello Díaz

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Es una de las historias más antiguas, la historia de las Olimpiadas. La quiero contar aquí de nuevo. Fueron celebradas por primera vez, en efecto, hace casi 30 siglos, en 884 antes de Cristo, por iniciativa del rey Ifitom, soberano de Elida, en el Peloponeso, donde está situada la ciudad de Olimpia. Las justas de Ifitom, hechas en honor a Zeus, constaban de una sola prueba: una carrera por el estadio, marcado con piedras, que tenía una longitud de 192 metros, a la que luego fueron añadidas dos pruebas más en aquel mismo recorrido: la diáulica (ida y vuelta) y la dólica (12 veces ida y vuelta). Muchos años después, hacia 708, hizo su aparición el pentathlon, que comprendía la carrera, la lucha, el salto, el boxeo y el lanzamiento de disco: las pruebas clásicas del olimpismo.

Las Olimpiadas eran celebradas entonces, como ahora, cada cuatro años, siempre en el verano, al pie de un monte que era sagrado: Altis. Duraban una sola jornada, aunque con el tiempo fueron ampliadas para durar cinco días, en los que fue incluida una prueba más: la carrera de cuadrigas. Los vencedores, proclamados al finalizar el quinto día, recibían como premio una rama de olivo silvestre, cortada por los sacerdotes de Ifitom en las márgenes del río Alfeo, en Olimpia.

Participaban en las competencias de la Antigüedad los helenos, los dóricos y los arcadianos, pues los bárbaros, en un principio, estaban excluidos (los bárbaros eran todos los que no eran griegos). Los atletas gozaban de una fama que es rara incluso en nuestros días. Muchos fueron celebrados en las odas del poeta Píndaro. Uno de ellos, Milón de Crotona, el luchador, fue recordado un siglo después de su muerte por Heródoto, quien menciona en sus Historias (libro III, párrafo 137) que su fama había llegado hasta las calles de Susa, la capital de Persia. Las Olimpiadas fueron celebradas, sin interrupción, durante mil doscientos sesenta y nueve años, hasta el verano de 385 de nuestra era, en donde resultó vencedor en la competencia de boxeo un bárbaro, el armenio Varasdate. ¿Qué sucedió entonces? Fueron suprimidas poco después por el emperador Teodosio el Grande, como parte de una ofensiva cristiana contra el paganismo de Grecia.

Quince siglos después de esa supresión, Pierre de Fredi, barón de Coubertin, tuvo la idea: organizó un congreso internacional de sociedades deportivas en el anfiteatro de la universidad de la Sorbona, en París. En aquel congreso —junio de 1894— surgió el Comité Olímpico que aprobó el proyecto de reinstaurar las Olimpiadas en el sitio donde habían nacido: Grecia. Los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna fueron inaugurados el 5 de abril de 1896 en Atenas, realizados con el entusiasmo del príncipe Constantino, heredero de la corona en Grecia, quien recaudó los fondos necesarios entre su pueblo, cuando el gobierno de su país anunció que no tenía dinero para financiar las Olimpiadas.

Casi todo ha cambiado en las Olimpiadas. En su origen duraban una jornada: hoy son más de dos semanas. En su origen tenían una sola prueba: hoy son más de 300 disciplinas en 28 deportes diferentes, tan distintos como la equitación, el judo, la vela, el atletismo, la esgrima, el bádminton y la natación. En su origen participaban nada más los griegos: hoy son alrededor de 10 mil 500 atletas originarios de más de 200 países (incluido Rusia). En su origen eran una prueba austera: hoy son necesarios miles de millones de dólares, como los que fueron consumidos para organizar los juegos que comienzan mañana en Río de Janeiro.

ctello@milenio.com

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