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Sábado , 20.10.2018 / 21:39 Hoy

Carta de viaje

El terremoto de 1985

Carlos Tello Díaz

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El terremoto de septiembre de 1985 fue una tragedia que golpeó a los mexicanos, pero que también marcó, para bien, a la sociedad de México. La hizo crecer, gracias a su solidaridad. Es lo que celebramos esta semana, a 30 años de la tragedia.

Las tragedias hacen que surja lo peor y lo mejor de las personas. En nuestro país hizo que surgiera algo que fue bueno. El terremoto de septiembre de 1985 fue en muchos sentidos el acta de nacimiento de la sociedad civil en México. La solidaridad adquirió una dimensión inédita. Me refiero aquí a la solidaridad de las personas, pero hay que recordar también la de las corporaciones: la CTM donó dos días de salario, el Ejército tres días, los gobiernos estatales entregaron cantidades de recursos importantes al Fondo Nacional para la Reconstrucción. En unas horas, ante el pasmo del gobierno, contra lo que decían las autoridades (que todos vayan a sus casas) y los medios (no salgan de sus casas), miles de voluntarios empezaron una labor de rescate entre los escombros de las zonas más afectadas de la capital. Fue un primer acto de desobediencia civil. Entre el 19 y el 22 salieron a las calles cerca de 150 mil brigadistas, la mayoría muy jóvenes. Lograron salvar la vida de miles de personas. Carlos Monsiváis, el cronista más lúcido de esa sociedad que despertaba, evocó aquellos días en una crónica que quiero recordar aquí, publicada en su libro Entrada libre. "Durante un breve periodo, la sociedad se torna comunidad", escribió. "Luego de medio siglo de ausencia, aparecen en la capital los ciudadanos, los portadores de derechos y deberes".

La opinión publicada sobre todo, pero también la opinión pública: 56 por ciento de los capitalinos, según la encuesta del Instituto Mexicano de Opinión Pública, juzgó tardía la acción del gobierno de Miguel de la Madrid. Sin duda lo fue. Es común criticar la ineficacia del presidente en ese momento de crisis; es más raro reconocer la franqueza con la que ese mismo presidente aceptó la realidad de los hechos. "La verdad es que frente a un terremoto de esta magnitud, no contamos con los elementos suficientes para afrontar el siniestro con rapidez", aceptó al día siguiente del terremoto Miguel de la Madrid, para más tarde hacer el elogio de los voluntarios: "El gobierno no pretende monopolizar ni controlar el gran dinamismo del pueblo" (30 de septiembre) y "los voluntarios, sin previa experiencia u organización, pudieron organizarse a sí mismos, pudieron integrarse a los cuerpos de rescate y lograron salvar la vida de sus compatriotas o encontrar los cuerpos de nuestros muertos" (3 de octubre). En aquellos días de tragedia surgió por primera vez en el país, contundentemente, el término de sociedad civil. Era el nombre que le daban los mexicanos a la sociedad que se organizaba, no para pedir al poder, como acostumbraba, sino para solucionar desde abajo los problemas que tenía enfrente. Así lo relata Carlos Monsiváis. "El 22 de septiembre su uso se generaliza", escribió en Entrada libre. "Y a principios de octubre la práctica es dominante: sociedad civil es el esfuerzo comunitario de autogestión y solidaridad, el espacio independiente del gobierno".

El terremoto de 1985 destruyó muchos de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Hotel Regis, el edificio Nuevo León, el Centro Médico, la torre de Televisa, la Secretaría del Trabajo. Duró 2 minutos, tuvo una magnitud de 8.1 grados. Derrumbó la capital, pero puso de pie a la sociedad.

ctello@milenio.com

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