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Martes , 25.09.2018 / 04:34 Hoy

Carta de viaje

El silencio de Rulfo

Carlos Tello Díaz

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En 1953 apareció publicado El llano en llamas, de Juan Rulfo. En 1955 —tras escribir en pocos meses, según contaba él mismo, “una novela que durante años había ido tomando forma en mi cabeza”— fue publicado Pedro Páramo. Un libro de cuentos y una novela: dos obras de arte. Acababa de surgir, en ese par de años, el narrador más grande de la literatura mexicana, que luego de surgir optó por el silencio. Rulfo no volvió a publicar nada más, salvo un libro de guiones, El gallo de oro y otros textos para cine, en 1980.

La fama de Rulfo no fue inmediata, a pesar de lo que sugieren anécdotas como la de Gabriel García Márquez, deslumbrado al instante, escribió, por un autor que le reveló su amigo Álvaro Mutis al llegar a México. En la década de los 50, El llano en llamas y Pedro Páramo fueron colocados, por los críticos, junto con los libros de autores como Agustín Yáñez y José Revueltas, dentro del cauce de la novela de la Revolución mexicana (aunque el contexto de sus libros, de hecho, es otro: la guerra de la Cristiada, es decir, la embestida del régimen de la Revolución contra los campesinos católicos del occidente de México). Años más tarde, sin embargo, al crecer la fama de su autor fuera del país, fue también universalizado su mensaje. Los personajes que pueblan los libros de Rulfo, así, no son nada más caciques, campesinos y soldados: son hombres y mujeres que luchan con sus fantasmas. Ese es el autor al que leyeron Jorge Luis Borges y Susan Sontag. Y ese es el autor que de pronto calló para siempre, en 1955.

Juan Rulfo ha sido tema de reflexión tanto por su obra como por su silencio. ¿Por qué dejó de escribir, luego de publicar dos obras de arte? “Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias”, solía decir Rulfo. La anécdota es recogida por Enrique Vila-Matas en su libro sobre los escritores que, de pronto, dejan de escribir: Bartleby y compañía. Hay varios en la historia universal de la literatura, uno de ellos Rulfo, casi tan famoso y tan misterioso como el caso de Rimbaud. Vila-Matas, luego de recordar la anécdota del tío Celerino, quien de veras existió, rescata una fábula de Tito Monterroso, amigo de Rulfo: El zorro más sabio. El Zorro de la fábula, tras publicar dos libros de éxito, deja de escribir. ¿Por qué?, le pregunta todo el mundo, si fueron tan buenos los dos libros. “El Zorro no lo decía, pero pensaba que en realidad lo que la gente quería era que publicara un libro malo. Pero como era el Zorro no lo hizo”. Puede ser… Lo cierto es que el autor no calló por completo. “Cuando se creía que de Rulfo se había dicho todo, él mismo decidió volver a hablar, y lo hizo a su manera, con el silencio”, escribió Christopher Domínguez Michael. “Sus fotografías, conocidas en México desde hace muchos años, colman museos y galerías de todo el mundo”.

¿Por qué dejó de escribir Juan Rulfo? La respuesta quizá sea sencilla. Entre más libros leemos, dijo con celebridad el gran crítico británico Cyril Connolly, más claro nos queda que la verdadera misión de un escritor es producir una obra de arte. Rulfo sabía esta verdad. Es irrelevante el número de libros que publica un escritor: lo único que importa es la obra de arte.

*Investigador de la UNAM (Cialc)
ctello@milenio.com

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