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Martes , 17.07.2018 / 22:08 Hoy

Carta de viaje

El gorila y el niño

Carlos Tello Díaz

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Todos hemos visto el video del accidente que ocurrió este fin de semana en el zoológico de Cincinnati, en Estados Unidos. Un niño de tres años trepó por la barda de madera y alambre y pasó entre los arbustos que protegían la celda de los gorilas; su madre llevaba un bebé en los brazos, estaba distraída con otro de sus hijos; el niño salto al vacío, cayó 3 metros abajo, en el estanque de los animales; fue visto por uno de ellos, un gorila de 17 años de edad y 280 kilos de peso llamado Harambe. Durante 10 minutos, Harambe mantuvo al niño con él, alterado por los gritos de la gente, allá arriba: a veces parecía protegerlo, otras lo jalaba con violencia del tobillo por el estanque. El director del zoológico, informado del accidente, tomó la decisión de sacrificar a Harambe. El niño estaba en peligro de morir.

Ante las críticas y las manifestaciones, Thayne Maynard, el director del zoológico, tuvo que dar el lunes una explicación a los medios. Sus razones fueron cuestionadas por algunos. No era la primera vez que ocurría un accidente así, de niños que caen en el espacio de los gorilas. Había ocurrido ya en Durrell Wildlife Park, Jersey (el 31 de agosto de 1986) y en Brookfield Zoo, Chicago (el 16 de agosto de 1996). Los gorilas no habían tenido que ser sacrificados. "En ambos casos, los niños sobrevivieron a la atención de los simios, que incluso prestaron ayuda a uno de ellos", escribió el primatólogo Frans de Waal en El País, para añadir esto: "Honradamente, no sé qué habría decidido yo en esas circunstancias". Por su lado, Michelle Gregg, la madre del niño, ha sido vilipendiada en sitios como Facebook. Cerca de medio millón de personas han firmado una petición en el portal de Change.org para responsabilizarla por la muerte del gorila: han exigido "una investigación del ambiente del hogar del niño con el interés de protegerlo a él y a sus hermanos de otros posibles incidentes de negligencia paternal que puedan resultar en daño físico grave o incluso en la muerte". La policía, presionada por esta reacción, inició una investigación de la familia.

Mi opinión es que ocurrió un accidente y una tragedia en la que murió un animal que era inocente; que el director del zoológico, autor de libros sobre los primates, tomó la decisión correcta, dolorosa para él; que la madre del niño no es culpable de la muerte del gorila. Pero lo que me interesa destacar aquí es la reacción del público, en la que uno de los sentimientos, además de la tristeza, fue la indignación —es decir, el reconocimiento de que el animal que murió tenía derechos, uno en particular, el derecho a la vida, que fue violado. ¿Tienen derechos los animales? El filósofo Fernando Savater, a quien admiro, ha dicho que los animales no tienen derechos porque tampoco tienen deberes. "El derecho es una cosa que los seres humanos nos concedemos; entendemos que uno tiene un deber y por lo tanto tiene un derecho correlativo de exigirlo". Su argumento me parece inconvincente: implica que los bebés no deben tener derechos, como tampoco los discapacitados, pues a ninguno de los dos les podemos exigir cumplir con sus deberes, pero lo cierto es que en ambos casos les reconocemos derechos. Así también, en mi opinión, debe ocurrir con los animales: es nuestra obligación reconocer que tienen derechos, aunque no tengan deberes, pues sabemos que son capaces de sufrir. ¿Hasta dónde llegan ellos? La mosca no goza de los mismos derechos que el camello, dice de nuevo Savater. Y tiene razón: la mosca tiene menos derechos que el camello, que tiene menos derechos que el gorila, que tiene menos derechos que el hombre. El principio que subyace esta creencia es que, con respecto a los animales, los superiores tienen derechos que no tienen los inferiores. Estos derechos deben tener un límite, determinado por nuestra conciencia de que todos los animales son capaces de sufrir. Nosotros mismos no quisiéramos que seres superiores a nosotros, provenientes del espacio, pudieran hacer lo que quieran con nosotros.

ctello@milenio.com

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