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Carta de viaje

El futbol / II

Carlos Tello Díaz

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El futbol que conocemos hoy surgió con la publicación en 1863 del llamado Reglamento de Cambridge. Una de sus reglas es la número 13, que dice así: “La pelota, cuando está en juego, puede ser parada con cualquier parte del cuerpo, pero no se puede coger o golpear con las manos”. Fue una regla muy controvertida, discutida en medio de una tempestad de exclamaciones, pues muchos se inclinaban por mantener el uso de las manos, pero al final aprobada por quienes pensaban que nada tenían que hacer ellas en el futbol. Al año siguiente, la mayoría de las escuelas había adoptado ya, en forma conjunta, estas reglas, con lo que se pudo organizar un torneo a lo largo del país. Los jugadores parecían presidiarios: vestidos con trajes de rayas negras y blancas, y con gorros y medias que les llegaban hasta las rodillas. Solo una escuela, Rugby, no aceptó formar parte del acuerdo, por no querer renunciar al uso de las manos. A partir de entonces, las trayectorias del football y del rugby tomaron direcciones totalmente distintas.

El Reglamento de Cambridge sirvió de base para formar la Asociación Británica de Futbol y, más tarde, el Consejo Internacional, creado en Manchester en diciembre de 1882. Ya para entonces estaban escritas las reglas más importantes del juego, como dice El libro del futbol (Dempla, México, 1978, vol.II, p.324): “En 1865 se introdujo la cuerda como límite superior de la meta. En 1867 se reglamentó el fuera de lugar. En 1871 se reconoció la existencia de un portero por bando y se le facultó para usar las manos, aunque con ciertas restricciones. En 1873 se aceptó el tiro de esquina. En 1874 se introdujo el travesaño de madera y el cambio de campo solo al medio tiempo. En 1881 se crean los árbitros”. Los árbitros fueron desde entonces personajes esenciales en el juego del futbol. Tenían la obligación de hacer cumplir las reglas, sin las cuales no era posible el juego. Por eso es cierto lo que escribió hace tiempo José Woldenberg: “Nadie va al estadio a ver al árbitro, pero sin él, el juego sería imposible”.

Los ingleses pueden reivindicar con legitimidad la paternidad del futbol porque fueron ellos quienes le pusieron reglas a un juego que durante siglos había sido caótico (como le pusieron reglas, también, a un juego que durante centurias habían practicado los persas, los indios y los chinos: el polo). Pero también por una razón adicional, quizá de más peso: porque fueron ellos quienes lo exportaron a todos los rincones del planeta.

El primer club de futbol en el mundo, el viejo y legendario Sheffield, fue fundado en 1857 en Inglaterra. Poco después surgieron otros grandes clubes, como Aston Villa, West Ham y Manchester United. Todo el país comenzó a jugar futbol, cuya popularidad coincidió, además, con el auge del Imperio Británico. Por esa razón, el juego fue llevado al resto del mundo. En 1872, los obreros del South Western Railway tenían un equipo en Le Havre, Francia; en 1874, los marineros de la armada británica jugaban a la pelota en las playas de Botafogo, Brasil; en 1885, los mineros ingleses la pateaban con gusto en Río Tinto, Portugal. En México, en fin, el primer equipo de futbol fue el Pachuca Athletic Club, fundado en 1900 por las compañías inglesas que tenían minas de plata en Mineral del Monte, Hidalgo, en el corazón de la República.

El Pachuca Athletic Club, campeón en la temporada 1904-05, tenía jugadores que, al principio, eran todos ingleses. Entre ellos destacaban dos: Al Crowle y Fred Williams, así como también Francis Harris, que a pesar de haber perdido la vista de su ojo izquierdo tenía una gran colocación debajo del marco y un instinto extraordinario para atajar. En el Pachuca Athletic Club apareció por esas fechas el primer mexicano que jugó al balompié en el país: David Islas. Pero el futbol continuó siendo por muchos años más un deporte impulsado por ingleses y jugado por ingleses. Fueron los ingleses residentes en la capital quienes fundaron en 1901 el Reforma Athletic Club, el primer equipo de la Ciudad de México, y fueron ellos quienes poco después, en 1902, fundaron otro equipo más, también viejo y legendario: el Club Británico.

El mundo empezó a jugar futbol en todas partes. Para coordinar las asociaciones que surgían aquí y allá fue fundada, en 1904, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), que conoció sus primeros años de esplendor entre 1921 y 1954, cuando fue dirigida por el abogado y árbitro Jules Rimet. La copa que lleva su nombre fue ganada por Brasil en el Mundial de México de 1970. La que lleva el nombre de la FIFA será disputada este mes de julio en uno de los estadios más famosos y más grandes del mundo: Maracaná, que fue ya la sede de otra final, la del Mundial de 1950, en la que cerca de 200 mil brasileños presenciaron de pie, en el estadio, la derrota de su equipo ante la selección de Uruguay, en lo que pasó a la historia con el nombre de la tragedia de Maracaná.

ctello@milenio.com

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