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Carta de viaje

El Chamizal /II

Carlos Tello Díaz

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En mayo de 1911, al conocer el fallo adverso del tribunal de arbitraje sobre El Chamizal, el comisionado estadunidense impugnó el laudo, haciendo notar que era imposible su cumplimiento, pues no establecía los lugares por donde debería pasar la línea divisoria entre México y Estados Unidos. El mandato de la comisión no era ése, sin embargo, sino determinar a qué país correspondía el dominio del territorio en disputa (las comisiones técnicas, de hecho, iban a realizar más tarde la demarcación). “Pero los argumentos del comisionado americano fueron suscritos por su gobierno, por lo que éste manifestó al nuestro que no podía considerar el fallo como válido y obligatorio”, explica Ismael Reyes Retana en su artículo de Nexos, “El Chamizal: una historia de perseverancia y… ¡éxito!”, en el que baso esta recapitulación que hago en MILENIO. El presidente Taft llegó incluso a declarar ante su Congreso que —recojo la cita de Ismael— “el arbitraje sobre la cuestión de límites con México denominada El Chamizal fue desgraciadamente un fracaso; pero mediante los empeñosos esfuerzos de parte de ambos gobiernos, que la importancia del asunto demanda, se espera poder llegar a un arreglo práctico de la dificultad”.

Todos los gobiernos de México se tuvieron que ocupar a partir de entonces del problema de El Chamizal. Francisco I. Madero le dedicó un lugar importante en su primer Informe de gobierno; incluso Victoriano Huerta apoyó una iniciativa de negociación, encabezada por el jurista Emilio Rabasa. “Las negociaciones incluyeron diversas soluciones para solventar el problema”, explica Reyes Retana. “Así, a cambio de El Chamizal, Estados Unidos: i) construiría un aeropuerto internacional para los dos países (1913); ii) regresaría el importe del Fondo Piadoso de las Californias, o iii) otorgaría un mayor volumen de agua del río Bravo”.

El asunto llegó a su fase definitiva medio siglo después, durante el gobierno del presidente López Mateos, quien lo trató con el presidente Kennedy durante su visita a México en junio de 1962. “Nuestro Presidente le expuso de forma detallada durante cerca de dos horas el origen del problema, el desarrollo del arbitraje, la esencia y características del laudo, así como las diversas soluciones que se habían examinado para darle cumplimiento integral”, explica Reyes Retana. “En respuesta, el presidente Kennedy dijo que ahora que conocía los hechos básicos no tenía ninguna duda acerca de que Estados Unidos debió reconocer la legitimidad del laudo de 1911”. Kennedy, sin embargo, quedó con una duda. ¿Cuál era el interés fundamental de México en este asunto? El presidente López Mateos le contestó, de acuerdo con el testimonio del embajador Carrillo Flores, recogido por Reyes Retana: “No somos tratantes de bienes raíces; nuestro interés es que se haga justicia al pueblo mexicano. El pueblo mexicano no ha olvidado, pero ha perdonado ya, la pérdida del territorio en 1848, porque fue consecuencia de una guerra en que fuimos vencidos. En cambio, no puede olvidar ni perdonar que Estados Unidos se niegue a entregamos una porción tan pequeña de territorio después de que obtuvimos un fallo que nos fue favorable”. Eran solo 177 hectáreas, pero tenían un inmenso valor simbólico.

El 29 de agosto de 1963 Manuel Tello, canciller de López Mateos, y Thomas C. Mann, embajador de Estados Unidos en México, firmaron la Convención entre Estados Unidos Mexicanos y Estados Unidos de América para la Solución del Problema de El Chamizal, con el objeto de dar cumplimiento al laudo arbitral de 1911. Más tarde, el 25 de septiembre de 1864, un día como hoy, los presidentes Adolfo López Mateos y Lyndon B. Johnson se reunieron para protagonizar la devolución simbólica que hizo Estados Unidos a México. Fue restituido El Chamizal. No se efectuó compensación alguna, lo que significó el reconocimiento de la plena soberanía de México sobre ese territorio. (Aunque quizás había todavía alguna duda al respecto, como lo sugiere esta anécdota que me contó Ismael, quien no la incluye en su detallado artículo de Nexos: Al llegar en helicóptero a El Chamizal para recibir el territorio de manos del presidente Johnson, el pantalón del presidente López Mateos quedó atorado en sus calcetines a la altura de la pantorrilla y el canciller Manuel Tello, al notarlo, lo señaló y le dijo “Bájese los pantalones, señor presidente”, a lo cual respondió López Mateos: “Ah, caray, ¿tan mal estamos?”).

México culminó, hoy hace cincuenta años, una lucha de principios en favor de sus derechos. Pudo haber tenido mayor resonancia en el país. No la tuvo.

ctello@milenio.com

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