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Domingo , 24.06.2018 / 06:43 Hoy

Carta de viaje

Desmembramientos de países: Yucatán en 1841

Carlos Tello Díaz

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Hemos visto desaparecer países en Europa Central y en Europa Oriental y sabemos que así puede suceder también en Europa Occidental: en España con la independencia de Cataluña y ahora en Reino Unido con la separación de Escocia. Es algo que parece inconcebible, y triste: el desmembramiento de un país. Pero ello no es la excepción, sino la regla desde la perspectiva de la historia.

México perdió a mediados del siglo 19, como es sabido, los territorios de Texas, Nuevo México y la Alta California, además del norte de Sonora y Sinaloa que incluía las fuentes del río Colorado, y las tierras en disputa al sur del río Nueces, consideradas hasta entonces parte de Tamaulipas. Un total de 2 millones 378 mil 539 kilómetros cuadrados: 55 por ciento de su territorio, en el que vivían cerca de 100 mil mexicanos, equivalentes a 1 por ciento de su población. Es menos sabido que México estuvo a punto de perder otro territorio más, también inmenso, esta vez en el sureste: el territorio de la península de Yucatán.

En el verano de 1840, el país ardía por todas partes en una guerra sin cuartel entre los adeptos de la Federación y los partidarios del Centro. Yucatán tenía la tentación de romper con el resto de México. El congreso del estado acababa de manifestar su determinación en ese sentido. “Mientras la Nación Mexicana”, proclamó, “no sea regida conforme a las leyes federales, el estado de Yucatán permanecerá separado de ella”. La voluntad de romper no disminuyó con el tiempo. Aumentó. Un año después, el gobierno de Yucatán anunció su deseo de buscar la independencia de México. El Centro reaccionó con violencia. En el verano de 1842, el general Santa Anna decidió someter por las armas a Yucatán. Conocía la región, pues había vivido durante su juventud en Mérida. Trazó el plan de campaña: tomar posesión de la Isla del Carmen para desembarcar en Champotón y sitiar, más tarde, el puerto de Campeche, con el objetivo de controlar el resto de la península. Don Santiago Méndez, el gobernador de Yucatán, fortificó el cerro de la Eminencia, colocó destacamentos en el camino a Champotón, mandó una escuadra de navíos para resguardar La Laguna. Los preparativos para defender Campeche, dispuestos por él, incluyeron el desmantelamiento de los fortines situados fuera de los muros: San José, San Miguel, San Luis y San Matías. Méndez lo sacrificó todo para defender, tras las murallas de Campeche, la libertad de la península de Yucatán. El 22 de agosto, la vanguardia de la expedición del gobierno, compuesta por cuatro buques de guerra, llegó por fin a la Isla del Carmen. Tomó luego sin problemas Champotón. Al llegar a Lerma exigió la rendición de Campeche, que rechazó Méndez. Entonces los invasores (así los llamaba la gente) iniciaron las maniobras para sitiar la ciudad. Llegaron a ser dueños incluso del barrio de San Román, pero no conquistaron la plaza: sus embates fueron rechazados en las atalayas de los muros de Campeche.

Por muchos años más, Yucatán mantuvo el deseo de ser independiente. El yerno de Santiago Méndez, Justo Sierra O’Reilly, padre de don Justo, fue el protagonista de esa nueva etapa, que incluyó el deseo de Yucatán de formar parte de Estados Unidos. ¿Por qué quería ser independiente Yucatán? Por razones similares a las que explicaban la secesión de Texas: el rechazo de sus habitantes al régimen del Centro que por esos años predominaba en México. Un régimen que les restringía su libertad sin darles nada a cambio, en especial la protección que sentían que requerían en la guerra sin cuartel que libraban contra los mayas, el pueblo original de Yucatán.

ctello@milenio.com

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