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Al Derecho

Maquiavelismo

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Nicolás Maquiavelo fue uno de los primeros teóricos del absolutismo, funcionario de la república de Florencia a finales del siglo XV y principios del XVI le tocó vivir constantes batallas políticas y militares entre las familias dominantes, de manera destacada la de los Médicis.

En la lucha de la república de Florencia contra los Médicis permaneció Maquiavelo fiel a la república, al triunfar estos lo despojaron de su cargo y durante algún tiempo estuvo en prisión, después se marchó al campo a escribir sus dos obras principales El príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, libros que escribió al mismo tiempo, y como no podía ser de otra manera tratándose de él, en la primera obra aparece como defensor del más desenfrenado absolutismo, mientras que en la otra se presenta como republicano.

Maquiavelo fue víctima de su propia contradicción, escribió El príncipe para ganarse el favor de los Médicis, al triunfar estos no lo compensaron como él esperaba y cuando volvió a triunfar la República se le prohibió el ejercicio de cualquier actividad pública acusado de haber sido partidario de los príncipes, murió en la pobreza, envenenado por una medicina en 1527.

Para Walter Theimer El príncipe es un himno triunfal del cinismo y la inescrupulosidad en la política, Maquiavelo recomienda tanto en el gobierno interior como en las relaciones exteriores que el monarca no sólo debe emplear la fuerza, sino también el engaño, la ruptura de los tratados, la mentira y la traición, la hipocresía, la intriga y hasta el asesinato como medios normales de su política, para él la fuerza precede al Derecho y todo está permitido con fines políticos.

Además tenía una opinión muy pesimista de los seres humanos: “Los hombres en general son desgraciados, inconstantes, hipócritas, cobardes ante los peligros y ávidos de ganancia…puesto que los hombres son malos por naturaleza y no van a guardar la fe que os deben, tampoco vos (el príncipe) estáis obligado a guardársela a ellos… El príncipe tiene que ser un gran hipócrita, experto en el arte del fingimiento, pues los hombres son tontos y siguen tan de cerca las necesidades del momento, que al engañador nunca han de faltarle víctimas”.

Theimer señala que Maquiavelo (al igual que Platón) creía que el pueblo no tiene gran interés en la política ya que sólo pretende tranquilidad y seguridad, y que el pueblo tampoco es peligroso para los tiranos, peligrosos son sólo aquellos pocos que se interesan por la política (idea que repetirán amigos y partidarios de las dictaduras). El príncipe ha de tener en la boca continuamente palabras tales como humanidad, religión, fidelidad u honor, pero bien sabe cuándo tiene que proceder de forma opuesta a estas consignas ya que en la política lo que decide exclusivamente es el éxito, que, una vez obtenido, justifica todos los medios.

En su tipología Maquiavelo divide a los políticos en “leones” y “zorros”, los leones son tipos humanos instintivos, hombres de presa, fuertes y sin mucho lastre moral, mientras los zorros, más débiles y menos instintivos, son astutos y diplomáticos. Los dos son necesarios, pero en el príncipe debe preponderar el carácter de león ya que no le será difícil encontrar un zorro como consejero (él se asignaba mentalmente este papel).

Es una desgracia que en los últimos quinientos años la mayoría de políticos se han declarado admiradores y seguidores de esta doctrina amoral y perversa, Hitler, Mussolini, los líderes comunistas y muchos dictadores más han actuado con arreglo a esa forma de entender la política con el único objetivo de controlar y dominar la vida de las naciones sin tener en cuenta la pérdida de la libertad y el hecho que millones de personas han sido sacrificadas.

Dice Theimer: “Las debilidades y contradicciones de sus teorías, como las de su propia persona nos prevendrán contra una confianza excesiva en el argumento de autoridad, el florentino, como todos los cínicos y los iconoclastas a menudo es divertido, pero su lectura deja como residuo un vacío espiritual”.

Existe el riesgo de que el próximo presidente se sienta iluminado con esas máximas y que su acción de gobierno se inspire en la doctrina maquiavélica cuyas consignas no son precisamente un manual de buenas prácticas ya que sus orientaciones no se adaptan gran cosa a una democracia, además de que en política las cosas no ocurren de manera tan sencilla como las plantea o quiere hacerlas ver López Obrador a fuerza de parcialidad y exageración o de manera divertida o cínica.

En estos días se celebró en la ciudad de México un coloquio con el profesor Pocock autor del libro El momento maquiavélico, por la polémica que se suscitó en esa reunión parece que algunos de sus participantes hicieron una lectura equivocada del título y del propio Maquiavelo.

csepulveda108@gmail.com





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