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Miércoles , 17.10.2018 / 00:47 Hoy

Al Derecho

Magnicidios

Carlos A. Sepúlveda Valle

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El magnicidio se define en el diccionario de la RAE como “muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder”. Son muchos los personajes que han sido privados de su vida de manera violenta, ante la ola de atentados en contra de autoridades municipales vale la pena hacer un recuento de algunos magnicidios.

En Estados Unidos cuatro presidentes han sido asesinados, Abraham Lincoln, en 1865 a los 56 años de edad; James A. Garfield en 1881 a los 49 años de edad; William McKinley en 1901 a la edad de 58 años, y el 22 de noviembre de 1963, a los 46 años de edad, fue asesinado John F. Kennedy, uno de los crímenes más impactantes de la historia moderna.

En Europa, el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en junio de 1914 desencadenó la primera guerra mundial que provocó la muerte de más de ocho millones de personas; en 1918 los bolcheviques mataron en Rusia al Zar Nicolás II; en abril de 1945 cuando huía de Italia fue ejecutado Benito Mussolini; en 1973 la ETA mató a Luis Carrero Blanco, presidente de gobierno de España; en 1986, en la pacifica Suecia, su primer ministro Olof Palme fue acribillado.

En la India, a Mahatma Gandhi, padre de la independencia nacional, le dio muerte un integrista hindú en enero de 1948; en 1984, Indira Gandhi (tomó este apellido de su esposo ya que ella era hija de J. Nehru), después de 15 años como primera ministra fue asesinada por dos de sus guardaespaldas; su sucesor en el gobierno, su hijo Rajiv Gandhi, fue victimado en un atentado en 1989, tenía 39 años.

El presidente de Egipto Anwar el-Sadat fue asesinado en 1981; al primer ministro de Israel Isaac Rabin lo mató un integrista judío en noviembre de 1995; Benazir Bhutto, mujer valiente e inteligente que ganó dos elecciones en 1988 y en 1993 (destituida en ambas ocasiones), primera mujer que se desempeñó como primera ministra de Pakistán fue victimada en el 2007 en plena campaña electoral.

Otras muertes violentas, por mano propia, fueron los suicidios de Adolf Hitler, responsable de la segunda guerra mundial y de la muerte de casi 50 millones de seres humanos quien se quitó la vida el 30 de abril de 1945 a los 56 años de edad; igual final tuvo Getulio Vargas, presidente del Brasil, quien en agosto de 1954 decidió poner fin a su vida; como también lo hizo el presidente de Chile Salvador Allende quien prefirió matarse que entregarse a Augusto Pinochet, cabecilla del golpe de Estado perpetrado en septiembre de 1973.

Aunque no fueron estadistas, cuatro asesinatos en el siglo XX conmovieron al mundo, el del Che Guevara (39 años) en 1967 a manos del ejército boliviano; en Estados Unidos fueron asesinados, el líder de la raza negra Martin Luther King (39 años) en abril de 1968; Robert F. Kennedy (42 años) fue abatido en plena campaña para la presidencia en junio de 1968; y John Lennon (40 años) cayó por los disparos de un admirador en diciembre de 1980.

El dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, quien controló ese país durante más de 30 años fue emboscado y sacrificado en 1961; otro tirano, Anastasio Somoza Dabayle quien mandó en Nicaragua durante más de veinte años fue asesinado en Paraguay en septiembre de 1980.

Los magnicidios que se han cometido en México son numerosos, inician en 1520 con el asesinato de Moctezuma II; en el siglo XIX fueron eliminados, entre otros, Hidalgo, Morelos, Guerrero y el emperador Maximiliano (44 años); en el siglo XX son varias las muertes violentas, entre ellas, la del presidente Madero (39 años) en 1913; la del presidente Venustiano Carranza (60 años) en 1920; y la del presidente electo Álvaro Obregón en 1928 (48 años).

No eran presidentes, pero las muertes violentas de Emiliano Zapata (39 años) en 1919, Francisco Villa (55 años) en 1923, Luis Donaldo Colosio (44 años) en marzo de 19994, José Francisco Ruiz Massieu (48 años) en septiembre de 1994, los tiros directísimos (la teoría de la confusión es una de las más grandes mentiras) que recibió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en mayo de 1993, y los alcaldes que han sido asesinados recientemente también son magnicidios.

Las muertes violentas que han tenido decenas de miles de personas en México durante los últimos años no son magnicidios, son víctimas de manos criminales que han actuado con casi total impunidad.

csepulveda108@gmail.com

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