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Miércoles , 17.10.2018 / 20:01 Hoy

Al Derecho

La medida de lo posible

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Goethe dijo, para conocer a la gente de un país nada mejor que conocer sus casas, la fotografía de portada del periódico El Mercurio (fundado en 1827) en la que aparecen en una pequeña –diminuta- sala de la casa de la familia Aylwin, la presidenta Michelle Bachelet, el ex presidente Eduardo Frei y el cardenal arzobispo de Santiago expresando sus condolencias a la viuda, hija y hermanos de Patricio Aylwin, refleja lo que pienso que son los chilenos en su esencia, personas austeras, discretas y muy dignas, ese marco de sencillez lo constata.

Las casas en Santiago son pequeñas y nada ostentosas, la residencia de la colonia Providencia en la que Patricio Aylwin vivió durante más de cincuenta años, no obstante haber sido presidente de Chile, demuestra su alto grado de integridad, honradez y congruencia, y explica por qué el pueblo chileno se encuentra consternado ahora que ha fallecido.

Patricio Aylwin Azócar, de ascendencia irlandesa y vasca, hijo de un presidente de la Corte Suprema, fue un abogado destacado, profesor universitario, autor de la obra El juicio arbitral (don Pedro Mora tiene en su librería la edición de la Editorial Jurídica Chilena), político democristiano, líder de ese partido en siete ocasiones y presidente de la República de 1990 a 1994.

En una edición especial, El Mercurio da cuenta de muchas muestras de tristeza y de admiración, las ocho columnas de esa edición dicen: "Falleció un hombre de derecho y eminente servidor público", esa frase define con certeza a Aylwin, luego, numerosas editoriales, columnas y cartas de lectores, coinciden en exaltar su figura, algunas de ellas se titulan: "Se nos ha muerto un padre de la patria"; "hasta siempre don Patricio"; "la partida de un gran hombre"; "un personaje clave"; "notable figura política en la historia contemporánea"; "inspiración para los políticos"; "Aylwin o la moral en política".

Un antiguo colaborador narra que Felipe González, el ex presidente de España, le dijo a Aylwin lo mucho que lo admiraba por la forma ejemplar como condujo la transición democrática, no obstante que el dictador Augusto Pinochet no solo estaba vivo sino que era el jefe del ejército (lo fue hasta 1998 por disposición constitucional y no podía ser removido), ya que para él era impensable que pudiera haber gobernado en el caso que Franco hubiera vivido.

¿Cómo pudo Aylwin gobernar exitosamente a pesar de cohabitar con Pinochet, con una Constitución restrictiva y un país polarizado? Aylwin mismo se definía: "firmeza en la conducción, fineza en la forma".

En 1973, siendo presidente del Senado y al ver que Allende no podía seguir gobernando optó por apoyar un cambio a la derecha antes que el comunismo, pero muy pronto se convirtió en un duro opositor de Pinochet. Siendo presidente del Partido Demócrata Cristiano ganó la candidatura (no sin controversia, caso carmengate) y formó la Concertación Democrática con 16 partidos, entre estos el Socialista y el Comunista, obtuvo el 55 por ciento de los votos en la elección presidencial de 1989.

El éxito de su gobierno fue integrar un equipo plural muy bien calificado y competente, definir con claridad que su prioridad era reducir la pobreza, lograr que el país creciera al 7 por ciento anual, su lucha por la democracia, su contribución para esclarecer las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, su liderazgo en la reconciliación nacional y su conducción en una transición ejemplar, son razones más que suficientes para que el gobierno decretara tres días de luto nacional por su muerte.

Es cierto que la concordia ayudó a superar odios y diferencias, que dejó sentadas las bases para que Chile se convirtiera en un país exitoso, pero tan importante como eso es el hecho que los chilenos reconocen su grandeza porque siempre supo anteponer los intereses nacionales a los intereses personales y no medró en el ejercicio del poder.

Sergio Bitar dice que en una entrevista en el 2012 le solicitó su consejo para otros países que buscan construir la democracia. Su consejo fue: "Se debe buscar más lo que une que lo que divide... No hay que partir de cero. Es mejor hacer los cambios a partir de lo que hay... Lo posible va cambiando con el tiempo; no se puede hacer todo a la vez".

La presidenta Michelle Bachelet al exaltar su figura repitió una frase del mismo Aylwin: "La medida de lo posible es lo que nos hace estar donde estamos".

Lo más importante es que para Patricio Aylwin la medida de lo posible fue poner su honradez intelectual y política al servicio de la nación.

csepulveda108@gmail.com

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