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Jueves , 18.10.2018 / 16:26 Hoy

Al Derecho

Diplomacia democrática

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Harold Nicolson (1886-1968) diplomático, político y escritor británico publicó en 1939 La diplomacia (FCE), libro que ha tenido mucho éxito ya que se considera una obra llena de sabiduría producto de la experiencia.

En el capítulo cuarto Nicolson explica los peligros o dificultades a que se ve expuesta la diplomacia democrática, y afirma: "Todos estarán de acuerdo en que la fuente más poderosa de peligro en la diplomacia democrática es la irresponsabilidad el pueblo soberano. Quiero decir con ello que aunque el pueblo es hoy la autoridad soberana que controla en último término la política exterior, ignora casi por completo las responsabilidades que eso entraña".

"Hoy el cuerpo electoral, innumerable, anónimo e inconsciente, controla la política exterior, ese sentimiento de responsabilidad, personal o colectivo ha dejado de existir. El pueblo soberano no tiene conciencia de su soberanía y no se da cuenta de que él mismo ha sido la causa de que esos tratados hayan llegado a firmarse".

Cómo si hubiera vivido en el 2016, Nicolson acusa: "Esa irresponsabilidad viene fomentada por ciertos periódicos populares que siempre están dispuestos a propugnar la repudiación de compromisos sin mencionar siquiera que dichos compromisos han sido contraídos por un gobierno elegido legalmente y ratificados (los tratados), tras plena discusión, por ambas Cámaras parlamentarias. El mismo propietario de un periódico que se mostraría profundamente ofendido si un anunciante o fabricante de tipos de imprenta rescindiese sus contratos, está perfectamente dispuesto a predicar a la totalidad del país una rescisión similar".

El problema de la irresponsabilidad del pueblo soberano, continúa Nicolson, está íntimamente ligado con el segundo gran peligro de la diplomacia democrática: la ignorancia. Es muy importante observar que en su visión de los asuntos exteriores no todas las democracias del mundo muestran el equilibrio y el buen sentido que aplican a los problemas interiores; hasta los electores instruidos ignoran casi en absoluto lo que son los tratados que ligan a sus naciones, tratados que han sido publicados, debatidos en el Parlamento y discutidos en la prensa, a pesar de lo cual, la inmensa mayoría del pueblo no tiene la menor idea de su existencia.

Pero eso no es todo, según Nicolson, el elector corriente no es sólo ignorante, perezoso y olvidadizo con respecto a los compromisos internacionales en los que ha asumido su propia responsabilidad sino que no aplica la reflexión e inteligencia que dedica a los problemas interiores, se muestra reacio a hacer el menor esfuerzo de comprensión o a tratar de entender los elementos más sencillos del problema.

En la Gran Bretaña (decía Nicolson hace setenta y cinco años), el hombre o la mujer comunes no se han dado cuenta aún de que los negocios extranjeros son negocios extranjeros, es decir, que no sólo afectan a sus propios intereses nacionales sino también los intereses de otros países; además, se imaginan que la política exterior se forja en una forma muy parecida a la de un presupuesto o una ley de instrucción pública.

El pueblo británico decidió salir de la Unión Europea, pero sus relaciones con el mundo continuarán, esa nación seguirá perteneciendo a la ONU y participando en los organismos mundiales y regionales (como la OTAN y otros), el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte mantendrá y acrecentará sus relaciones multilaterales y bilaterales.

Es cierto que habrá afectaciones económicas, pero es mucho lo que se especula y exagera. Antes de formar parte de la Unión Europea el Reino Unido era una gran nación, entonces la libra esterlina costaba dos dólares, en los cuarenta y tres años de ser miembro de la UE la libra se devaluó 50 centavos de dólar, una semana después del referéndum vale 1.33 dólares. En cambio, en México, en 1973 el dólar costaba 12.50 pesos mexicanos, en 1994 al entrar el TLC el dólar costaba 3,000 pesos, ahora cuesta 19,000 pesos.

Qué pequeño quieren hacer el mundo quienes auguran un futuro catastrófico para la humanidad por el solo hecho de que un país dejó de ser socio de otras 27 naciones. ¿Se puede comparar este hecho con la pérdida de su poder cuando terminó su dominio colonial?, ¿o con los sufrimientos, muertes y daños que ocasionaron las dos guerras en el siglo XX?

Por su historia, cultura, inteligencia y fortaleza, los ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses sabrán traducir exit en éxito.

Esta decisión de diplomacia democrática, seguramente, como dijera Nicolson, fue tomada de manera irresponsable, ignorante y fomentada por los diarios sensacionalistas afectará más a Europa que a la Gran Bretaña.

csepulveda108@gmail.com

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