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Viernes , 22.06.2018 / 11:14 Hoy

Al Derecho

Destino lejano

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Uno de los escritos que más polémica ha causado en el México posrevolucionario se publicó en marzo de 1947 bajo el titulo La crisis de México, en el que don Daniel Cosío Villegas hace una feroz crítica a los gobiernos revolucionarios, pero no menos despiadado fue su juicio en contra de los líderes obreros, legisladores, periodistas, la Iglesia y los políticos de derecha e izquierda.

Para Cosío Villegas esa crisis provenía de que las metas de la Revolución ya se habían agotado y que el término mismo de revolución carecía ya de sentido pues los grupos políticos oficiales continuaban obrando guiados por los fines más inmediatos sin que a nadie le pareciera importante el destino lejano del país. Señala que para entender la crisis, para calibrarla y resolverla, como primeras cuestiones a considerar serían: cuáles eran las metas de la Revolución, cuándo se agotaron y por qué.

Según Cosío, la Revolución Mexicana nunca tuvo un programa claro, si bien la meta primera había sido la reacción contra el régimen porfirista y su derrocamiento, la reforma agraria, el movimiento obrero, el tono nacionalista al exaltar lo mexicano y recelar de los extranjero o combatirlo, y la necesidad de una acción educativa vigorosa por parte del Estado.

Al tratar de responder a la cuestión de por qué y cuándo se agotó el programa de la Revolución, decía, este es un capítulo bien doloroso en nuestra historia ya que las conclusiones no pueden ser más desalentadoras. Afirmaba que, sin exceptuar a ninguno, todos sus hombres resultaron inferiores a las exigencias de la Revolución ya que el país ha sido incapaz de dar en toda una generación un gobernante de gran estatura que verdaderamente merezca pasar a la historia.

Al aceptar que en sus primeras décadas la Revolución creó muy importantes instituciones y construyó miles de obras de infraestructura, afirmaba: ninguna de esas cosas, a despecho de su indudable importancia, ha logrado transformar a México, haciéndolo más feliz.

Respecto de la agricultura explicaba, el problema era de visión e iniciativa, de técnica, de perseverancia y de honestidad; afirmaba, la Revolución había sido muy inferior a esas necesidades, y a pesar de que la Revolución tuvo un origen campesino, reconocía la supremacía del movimiento obrero que pronto llegó a ser más sólido y fuerte.

Al referirse a la crisis moral, dice, al sobrevenir la Revolución la anterior jerarquía desapareció y ello contribuyó también a la deshonestidad universal: el remolino elevó hasta el cielo la hojarasca, y los individuos, para conservar de por vida los mil pesos de sueldo que súbitamente comenzaron a ganar, se resolvieron a buscar un millón mientras el remolino duraba. Cosío sentenciaba, "la deshonestidad administrativa de México tiene sus causas serias, apenas bosquejadas antes, pero el hecho no quita un adarme a su monstruosidad social, ni mucho menos reduce en nada los funestos efectos políticos que ha tenido, pues la deshonestidad de los gobernantes revolucionarios, más que ninguna otra, es la causa que ha rajado el tronco mismo de la Revolución Mexicana".

Insistía que la situación de México en 1947 había de juzgarse con cierta severidad ya que el país pasaba por una crisis gravísima y que su magnitud hacía suponer que se la ignora o se le aprecia complacientemente, y advertía, si no se emprende en seguida el mejor esfuerzo para sacarla de ella México principiará por vagar sin rumbo, a la deriva, perdiendo un tiempo que no puede perder un país tan atrasado en su progreso, que podría concluir en confiar sus problemas mayores a la inspiración, la imitación y la sumisión a Estados Unidos, y a la influencia norteamericana, ya de por sí avasalladora, se unirían la disimulada convicción de algunos, los francos intereses de otros, la indiferencia o el pesimismo de los más para hacer posible el proceso del sacrificio de la nacionalidad.

Sesenta y ocho años después el destino lejano a que se refería Cosío Villegas nos alcanzó y nos rebasó, pero los problemas siguen siendo casi los mismos: desigualdad, gran déficit en justicia, deshonestidad pública y privada; y los objetivos también, tener mejores gobiernos, alcanzar mejor calidad de vida, ser más felices.

Es difícil comparar una época y otra, pero la crisis de que hablaba Cosío Villegas, ¿sería menor o más grave que la realidad actual.

csepulveda108@gmail.com

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