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Viernes , 19.10.2018 / 13:02 Hoy

Al Derecho

Confianza y capital social

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Francis Fukuyama es un conocido politólogo estadunidense que ha escrito algunos de los libros más comentados de finales del siglo XX. En uno de éstos Confianza: las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad (Trust), publicado en 1995, sostiene que en la lucha mundial por el predominio económico el capital social que representa la confianza será tan importante como cualquier capital físico, y que la confianza varía en gran medida de una sociedad a otra.

Su tesis central es que el capitalismo democrático es el modelo ideal, pero la convergencia de instituciones alrededor de ese modelo no ha puesto fin a los desafíos que enfrenta la sociedad, y señala, casi todos los observadores serios (1995) entienden que las instituciones políticas y económicas liberales dependen de una sociedad civil fuerte y dinámica que garantice su vitalidad.

La sociedad civil, dice Fukuyama, se entiende como una mezcla compleja de instituciones intermedias (empresas, asociaciones de voluntarios, instituciones educativas, clubes, sindicatos, medios de difusión, entidades caritativas e iglesias) se asienta, a su vez, en la familia, instrumento primario por medio del cual el ser humano es socializado en su cultura y recibe las habilidades que le permiten vivir en una sociedad más amplia, y es a través de la familia que los valores y los conocimientos de dicha sociedad se transmiten de generación en generación.

Para Fukuyama la confianza es la expectativa que surge dentro de una comunidad de comportamiento normal, honesto y cooperativo, basada en normas comunes, compartidas por todos los miembros de dicha comunidad. El capital social es la capacidad que nace a partir del predominio de la confianza, en una sociedad o en determinado sector de ésta, y puede estar personificado en el grupo más pequeño y básico de la sociedad, la familia, así como en el grupo más grande de todos, la nación y en todos los grupos intermedios. El capital social difiere de otras formas de capital humano en cuanto que, en general, es creado y transmitido mediante mecanismos culturales como la religión, la tradición o los hábitos históricos.

Las organizaciones más eficientes se hallan establecidas en comunidades que comparten valores éticos, en esas comunidades, sostiene Fukuyama, no se requieren extensos contratos ni una regulación legal de sus relaciones porque el consenso moral previo provee a los miembros del grupo de una base de confianza mutua, y que el capital social que se necesita para crear este tipo de comunidad moral no puede ser adquirido a través de decisiones racionales de inversión (como capacitación laboral) ya que la adquisición de capital social exige la habituación a las normas morales de una comunidad, y dentro de este contexto, la adquisición de virtudes como lealtad, honestidad y confiabilidad se basa en el predominio de virtudes sociales más que individuales.

Los beneficios del capital social son importantes, costos operativos menores, más capacidad para innovar, y a diferencia de las sociedades en las que la gente no confía en su prójimo termina cooperando con éste sólo bajo un sistema de normas y regulaciones que tienen que ser negociadas, acordadas, litigadas e implementadas, a veces en forma coercitiva (el INE es el ejemplo más costoso), de ahí que la desconfianza ampliamente difundida en una sociedad impone una especie de impuesto que no tienen que pagar las sociedades con una alto nivel de confianza interno.

Es un hecho evidente que el capital social no se encuentra distribuido de manera uniforme, en los países en donde existe mayor proclividad hacia la asociación se demuestra mayor confianza, en cambio, en aquellas naciones en donde prevalece un afán individualista, sobre todo en la búsqueda de obtener ganancias económicas (por el medio que sea), se evidencia una falta de confianza que se traduce en menosprecio por los semejantes, injusticias manifiestas y creciente desigualdad social.

En México es tiempo de reflexionar y fortalecer una cultura de capital social que genere mayor confianza, todos los estudios indican que actualmente la mayoría de las instituciones (públicas y privadas) gozan de escasa confianza, y sus líderes, en altos porcentajes, carecen de credibilidad.

De ahí que el reto sigue siendo crear un capital social que permita reducir costos en muchos sectores, como en el de la organización de las elecciones, actividad en la que ha quedado manifiestamente demostrado que asignar cada vez más elevados presupuestos no basta para construir confianza.

csepulveda108@gmail.com

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