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Al Derecho

Alta posición

Carlos A. Sepúlveda Valle

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Una de las lecturas de estos días trata sobre la preocupación que tienen algunos de obtener poder, fama o dignidades, fue escrita por Francis Bacon (1561-1626), filósofo, abogado y político inglés que entre otros importantes cargos fue diputado, procurador, fiscal y gran canciller del reino.

En uno de sus ensayos afirma que los hombres que ocupan alto cargo son tres veces servidores: servidores del soberano del Estado, servidores de la fama, y servidores del oficio. Sostiene que este tipo de hombres no tienen libertad, ni de sus personas, ni de sus actos, ni para disponer de su tiempo, y que es extraño el deseo de buscar el poder y perder la libertad; o buscar el poder sobre los demás y perderlo uno mismo. El elevarse hasta el cargo es trabajo arduo, y a través de trabajos los hombres paran en mayores trabajos; y a veces es ruin, y mediante indignidades los hombres llegan a las dignidades, la posición es escurridiza y el regreso es caída o por lo menos, eclipse, que es cosa melancólica.

Señala que los hombres no pueden retirarse de la vida pública cuando quisieran, ni lo hacen cuando fuera razón, pero les disgusta la vida privada, aun en la vejez y la enfermedad; ciertamente, los grandes personajes tienen que vivir de las opiniones de otros hombres para sentir felicidad, porque si juzgan por lo que sienten, no pueden hallarla; pero si piensan de sí mismos lo que otros piensan de ellos, y que a otros hombres les gustaría ser lo que ellos son, entonces son felices por la fama, por decir así, cuando quizá hallen dentro de sí lo contrario, porque ellos son los primeros en descubrir sus pesares, aunque sean los últimos en descubrir sus faltas.

Para Bacon los hombres que han alcanzado altas posiciones son extraños a sí mismos, y mientras están en los enigmas de su trabajo no tienen tiempo para cuidar la salud del cuerpo ni la del espíritu. En la alta posición hay libertad para hacer bien y mal, de lo cual lo último es una maldición, porque para el mal la mejor condición es no desear; la segunda, no poder. Pero el poder para hacer el bien es la verdadera y legítima finalidad a que uno debe aspirar, porque los buenos pensamientos (aunque Dios los acepte) no son mejores para los hombres que los buenos sueños, a menos que se lleven a la práctica; y ello no puede hacerse sin poder y posición, como base de ventaja y dominio. El mérito y las buenas obras son el fin del esfuerzo del hombre, y la conciencia de ello es la consumación del reposo del hombre, porque si un hombre puede compartir la obra de Dios, compartirá el reposo de Dios.

Al hablar de los vicios de la autoridad establece que son principalmente cuatro: tardanzas, corrupción, rudeza y docilidad. En cuanto a tardanzas, sugiere dar fácil acceso, cumplir los plazos señalados, hacer lo que se tiene entre manos, y no entremezclar diferentes asuntos si no es por necesidad.

En cuanto a la corrupción aconseja que no debemos limitarnos a atar nuestras propias manos o las de los servidores para impedir que reciban, también se deben atar la de los pretendientes para que no ofrezcan, porque la práctica de la integridad hace lo primero, pero la profesión de la integridad, con manifiesta execración del soborno, hace lo otro, y evitar no sólo la falta, sino también la sospecha, quienquiera que se muestre variable y cambia manifiestamente sin causa manifiesta, da lugar a sospecha de corrupción.

Sobre la rudeza explica que es causa innecesaria de descontento, que la severidad engendra temor, pero la rudeza engendra odio, y añade, hasta las reprobaciones de la autoridad han de ser graves y no insultantes. Respecto de la docilidad, manifiesta que es peor que el soborno, porque los sobornos vienen de cuando en cuando, pero si la importunidad o vanas consideraciones gobiernan a un hombre, nunca han de faltarle.

En el siglo XVII Bacon repetía que es muy cierto lo que se decía antiguamente, que “el puesto revela al hombre”, y que a algunos los revela para mejor y a otros para peor. Que es señal de espíritu digno y generoso que el honor lo haga mejor, porque el honor es, o debería ser, el sitial de la virtud, y que la virtud con ambición es violenta, pero con autoridad es asentada y serena.

No obstante que formaba parte de una familia aristócrata y de que buena parte su obra fue de carácter moral Lord Bacon estuvo preso en la Torre de Londres acusado de cohecho y prevaricación. El poeta Alexander Pope lo describió como “el más sabio, el más brillante y el más mezquino de los hombres”.

csepulveda108@gmail.com

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