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Miércoles , 26.09.2018 / 06:33 Hoy

Duda razonable

Ochoa: polemizar con el pasado o con su Presidente

Carlos Puig

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Lo he leído tantas veces en estos días que ya hasta lo creo. El nuevo presidente del PRI, Enrique Ochoa, es un muy buen polemista. Ok, me convencieron, doy por bueno el dato.

Leo el discurso de toma de posesión del doctor Ochoa y distingo dos primeros objetivos de sus dotes de polemista: los gobernadores priistas corruptos, a los que no menciona con nombre y apellido, y el panismo que nos gobernó 12 años.

Frente a los primeros, Ochoa propone sanción y denuncia, hasta destitución, pero limita el grave problema de corrupción que nos aqueja a unos cuantos gobernadores malosos.

Frente al panismo del 2000 al 2012, Ochoa enumeró una larga lista de datos comparando el sexenio actual con los dos anteriores. No solo eso, anunció que pediría a secretarios de Estado viajar por el país para, frente a priistas, insistir en todos estos logros. Supongo que eso puede funcionar bien frente a la candidatura de Margarita, pero no estoy seguro de que sea esa polémica la que más ayude al polemista. Sus problemas son más graves.

De la innumerable lista, con inteligente acomodo de números y cifras, presumiendo logros gubernamentales, nos hemos hartado en este par de años. La comunicación de Los Pinos se ha convertido en un larguísimo informe de gobierno. Nada de eso ha cambiado sus niveles de aprobación y sí han aumentado los de rechazo. Nuestro mal humor aumenta cada vez que alguien nos dice que estamos locos por estarlo y en Los Pinos se empeñan en decírnoslo.

Algo hay de valioso cuando un presidente comparte el mal humor de sus gobernados, cuando baja la cabeza y se duele por las miles de muertes en lugar de decirnos que son un poco menos que hace unos años. Algo humanizaron a Calderón aquellas reuniones en el Castillo de Chapultepec, de algo servían aquellos discursos de Zedillo durante la crisis, más deprimentes que cualquier cosa que de él se escribiera. Alguna empatía genera el presidente que acepta que algún compromiso no será cumplido; que los problemas del país son tantos, a veces tan profundos, que nadie en tres años los pudo haber resuelto.

Creo que es esa la polémica más valiosa que puede desatar Ochoa, convencer a Los Pinos de que nuestro mal humor no es una locura y que "escuchar a la ciudanía", como dijo en su discurso, debería tener consecuencias.

Y que, por lo tanto, no está mal que el Presidente esté, de vez en cuando, de mal humor.

Twitter: @puigcarlos

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