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Miércoles , 20.06.2018 / 19:00 Hoy

Duda razonable

Narvarte: tragedia en busca de un escándalo

Carlos Puig

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Escribí aquí hace un par de meses que Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, cargaría para siempre con la sospecha de haber mandado matar a Rubén Espinosa y Nadia Vera, y con ellos tres mujeres más, un mediodía en un departamento de la colonia Narvarte.

Escribí también que dudaba muchísimo que algún día supiéramos quién, por qué y cómo había sucedido el horrible asesinato.

Dos meses después podría volver a publicar la columna. No era difícil adivinar.

Por un lado está el aparato de procuración de justicia: investigadores, fiscales, jueces, han actuado como vienen actuando hace muchos años. En un país donde no se resuelve más de 90 por ciento de los homicidios, por qué se iba a resolver éste. Más si le quitas a los investigadores la herramienta más importante con la que desde hace años han resuelto algunos casos: la tortura. Y sin tortura no hay confesión y sin confesión… pues tenemos el tiradero que tenemos. Tres tipos que entran a un edificio, salen del edificio y los tres declaran cosas absolutamente diferentes de qué hicieron allá adentro y por qué llegaron.

Por otro lado, organizaciones no gubernamentales y activistas declararon culpable a Duarte desde el principio y no habrá investigación que los satisfaga si no apunta hacia Jalapa. Ese veredicto fue dictado hace ya muchas semanas, será inamovible.

En el camino, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, muy confundida entre callar, informar y filtrar, ha terminado con la reputación de una de las víctimas, dañado la de otras —que si la cocaína, que si la mota, que si el sexo, que si las fiestas—, y ha puesto en peligro su caso frente a un juez. Ha filtrado que sus cámaras de video y sus peritajes lo cuentan todo… menos lo que importa: los minutos del horror en ese departamento.

El enorme vacío de información y la confusión creada por los datos publicados a cuentagotas y sin contexto han sido, como suele suceder, abono ideal para cualquier teoría de la conspiración, incluida aquella que dice que gobierno de un aspirante presidencial perredista encubre al más desprestigiado de los gobernadores priistas, por quien sabe cuáles oscuras razones.

Cinco personas asesinadas brutalmente en un departamento a escasos cinco kilómetros de la procuraduría del DF.

Esa es la tragedia.

No hay, sin embargo, otro escándalo que el ya previsto, el de nuestra cotidianeidad violenta e impune.

dudarazonable@milenio.com

Twitter: @puigcarlos

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