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Martes , 13.11.2018 / 16:39 Hoy

Duda razonable

Mi selección me odia

Carlos Puig

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Animado por la columna de esta semana de Rafael Pérez Gay, en la que dice estar inquieto frente al inicio del Mundial y la actuación de la selección alemana, digo lo siguiente: yo no estoy inquieto, yo estoy jodido.

Hay una parte de mí que quiere que lleguemos no al quinto sino al sexto partido. Eso me dice algo en mi corazón, a pesar de las frustraciones, a pesar de todo, mi emoción quiere gritar y celebrar y hasta ir al Ángel algún mediodía de julio.

Otra parte de mí dice que no.

Mi primer mundial fue en 1970 y mis padres me llevaron al Azteca vestido de Juanito 70. Sí, no se rían, fui feliz. Lloré frente a la catástrofe en Haití y me aficioné a leer a Seyde y sus ratones verdes.

Pero cuatro años después, en 1978, creí a pie juntillas el pronóstico de José Antonio Roca y al final volví a odiar a mi selección.

En Honduras nos hicieron a un lado del mundial español y para regresar a un mundial tuvimos que organizarlo. En el 86, recién salido de la universidad, trabajé en el área de prensa del comité organizador, me tocó ver muchísimos partidos, incluidos los de México, grité como loco en el Azteca aquel gol de Negrete… pero en Monterrey comenzaría la maldición de los penales. Corazón roto.

No fuimos a Italia por tramposos y para 1994, ya trabajando en Estados Unidos, me tocó cubrir aquel mundial acompañado de Vicente Leñero. Fuimos con México de Washington a Florida, a Nueva Jersey y Nueva York, donde con Hugo en la banca nos quedamos fuera por los penales. Y escuché decir a Miguel Mejía Barón: “Dolió, pero ya pasó”. ¿En serio?

En mi estudio, frente a la computadora, cuelga la foto original de Ulises Castellanos, que sería portada de Proceso, de los aficionados saliendo del estadio en Nueva Jersey con la leyenda: “Defraudaron, como siempre”; tal vez por eso me hice un grinch antiselección, aunque seguí viendo religiosamente cada juego y como todos me frustré en cada cuarto partido; hasta Sudáfrica, donde pude, por chamba, verlos en vivo y volví a sentir un nudo en la garganta cuando, frente a mí, Argentina nos eliminó en Johannesburgo.

Lo sentí menos cuando, en Brasil, no supieron defender la ventaja frente a Holanda y el entrenador arrancó la ola para culpar al árbitro.

Y así llego a Rusia.

Protegiéndome. Sin ilusiones.

Porque lo que ha hecho la selección con mi cariño en todos estos años me trae muy jodido.

Ahora, algo dentro de mí, que combato a diario, necesita ir al Ángel. 

Twitter: @puigcarlos

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