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Duda razonable

Mancera, el Frente y los costos de la ambigüedad

Carlos Puig

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Escribí hace unas semanas sobre el costo de la ambigüedad en la política. Lo hice respecto a Ricardo Monreal y Morena, cuando el delegado de Cuauhtémoc, peleado con Morena, tardó en decidir si se quedaba en el partido o se iba. Ahora conocemos el final: Monreal no será candidato a jefe de Gobierno, su situación en Morena es precaria, y él mismo ha decidido irse de la delegación para dormir mucho y escribir. Eso no era el plan. La ambigüedad, como en su día a Manuel Camacho le costó.

Miguel Ángel Mancera está en un momento similar.

Todos estos años ha estado trabajando para ser el candidato del PRD a la Presidencia de la República; sin embargo, nunca quiso afiliarse formalmente al partido, alegando una rara independencia. Todos sabemos quién le ayuda a gobernar, quiénes son sus aliados y enemigos, todos sabemos que Mancera es un perredista sin credencial.

Pero al mismo tiempo, y con todo que algunas corrientes del sol azteca lo ven con simpatías, su ambigüedad frente al partido le hizo perder fuerza adentro, en esa grilla que domina a los perredistas hace años. En estos cuatro años hemos visto al PRD hacerse pequeño, luchando por sobrevivir en la ciudad, su bastión histórico, sin poder apelar a muchos perredistas que ven con simpatía a Morena.

Muchos en el PRD se pusieron a pensar en otra cosa. Lo ensayaron en las elecciones locales, aliándose con el PAN para enfrentar al PRI y decidieron que lo mejor era ir juntos rumbo a 2018.

Clave en esto fue convencer a Alejandra Barrales y otros perredistas de la capital que la única opción para mantener el gobierno en CdMx era con una alianza. El PRD, entonces, votó e irá con el Frente como una táctica de supervivencia, precaria, pero supervivencia al fin y al cabo.

La víctima fue Mancera. Porque no se ve manera de que el PAN, el partido más grande de la alianza, ceda la posición más importante. Creo que el jefe de Gobierno lo sabe.

Y como le sucedió a Monreal, ahora está pagando los costos, no solo de su ambigüedad inicial nunca haciéndose perredista, sino de no definirse frente al Frente.

Hoy, parece claro que su idea es: o soy candidato o nada.

En eso, se parece a Margarita, con la diferencia de que él ni eso ha decidido ni está claro a dónde iría si hace un berrinche con el pretexto del método de elección o cualquier otra cosa.

Twitter: @puigcarlos

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