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Miércoles , 15.08.2018 / 10:39 Hoy

Duda razonable

Los límites de la negociación o la negociación sin límites

Carlos Puig

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Ayer los empresarios de México a través de su máximo órgano de representación, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), lanzaron un “¡Ya basta!” en relación a las acciones de la CNTE y el proceso de negociación que desde hace semanas se lleva a cabo en la Secretaría de Gobernación.

Cito del comunicado: “Ya basta: los derechos y la seguridad física y patrimonial de ciudadanos y empresas no pueden ser moneda de cambio de ningún proceso de diálogo o negociación entre un grupo en particular y las instituciones del Estado…”.

Piden a la CNTE “que deponga sus acciones y métodos irresponsables, violentos y delictivos, que recurren a la violación sistemática de derechos a terceros…”.

Y al Estado que “honre su razón de ser y mandato constitucional de cumplir y hacer cumplir la ley. Quiero ser muy claro: Nadie pide que se reprima la protesta, sino que se respeten los derechos de todos por igual y se proteja a la población”.

Cuando leo este tipo de llamados de algún grupo de interés —y eso es el CCE, como los sindicatos y otros grupos con intereses legítimos— me pregunto cómo imaginan el fin del conflicto. Uno que lleva décadas y cuya complejidad no puede ser reducida a una evaluación o una reforma, por importante que ésta sea. Uno que en este momento involucra muchos más actores que los maestros disidentes en cuatro estados y que, por desgracia, ya contiene muertes que el Estado sigue sin poder explicar.

El gobierno ha apostado a la paciencia. Es evidente que los bloqueos de carreteras parecen haberse reducido en intensidad en la última semana y habrá que ver qué pasa en Oaxaca pasada la tregua —aceitada con dinero— de la Guelaguetza.

Algunos documentos de la 22 parecen indicar que hay avances y concesiones de ambas partes. No es menor la casi desaparición del verbo “abrogar” respecto a la reforma.

La pregunta más importante, me parece, es si el gobierno aprovechará esta negociación solo para patear el bote y esperar otra crisis después del 18 o se tomará el tiempo para por fin, de una vez, al menos poner en otra ruta este añejo y complicado conflicto con los maestros y organizaciones de los estados más pobres del país.

Eso, para ser duradero, no puede ser rápido.

Si se arregla mañana con dinero, concesiones fáciles o represión, me temo que seguiremos diciendo ¡Ya basta! por muchos lustros más.

Twitter: @puigcarlos

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