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Martes , 17.07.2018 / 12:31 Hoy

Duda razonable

¡Eran prostitutas, eran prostitutas!

Carlos Puig

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No tengo claro de qué se trata esta embestida para desacreditar lo que sabemos, y la autoridad aceptaba, de lo que sucedió en Tlatlaya hace un año. Una lectura posible hoy es que, como en otros asuntos, en Los Pinos siguen inmovilizados y el resto de los actores va un poco de free lance.

Hagamos memoria: el 30 de junio del año pasado un enfrentamiento entre militares y presuntos delincuentes en una bodega de Tlatlaya resultó en 22 muertos de un lado y un militar herido. La Procuraduría del Estado de México despachó el asunto con celeridad inaudita, todo ahí había estado bien. El 8 de julio, una primera nota de Mark Stevenson de la AP dio cuenta de que lo que se veía en esa bodega no coincidía con la versión oficial. Unas semanas después, la edición mexicana de la revista Esquire y AP publicaron casi simultáneamente reportajes con versiones de testigos de que lo de aquella madrugada había sido una ejecución extrajudicial.

La PGR inició una investigación y pocas semanas después el procurador Jesús Murillo Karam anunció, después de una meticulosa explicación, que “la PGR ha tomado la determinación de culminar la averiguación previa con una acusación de homicidio en relación a los tres participantes que dispararon, según las pruebas periciales”. La CNDH concluyó en su recomendación, más o menos lo mismo, con un agregado: las tres mujeres que habían sobrevivido el evento habían sido torturadas por las autoridades.

Leo ahora que el testimonio de aquellas víctimas —que es solo una parte de la evidencia aportada por la PGR y la CNDH en sus respectivas investigaciones— está en duda porque… dos de ellas eran… ¡Oh sí! ¡prostitutas! ¡Qué escándalo!

No solo eso, cuando después de la balacera fueron interrogadas dijeron estar secuestradas y fue hasta la segunda declaración cuando se confesaron prostitutas. Además mentirosas. Olvidan que fueron torturadas y se preguntan ¿cómo podemos creer a estas pecadoras? El tono moralino es escalofriante.

En agosto del año pasado, después de la primera nota de AP, escribí aquí:

“El sexenio pasado vimos varios incidentes como éste. Nada se supo. La impunidad reinó. Si el presidente Peña quiere demostrar que algo cambió en la estrategia de seguridad, tiene ante sí una gran oportunidad. Decirnos qué sucedió en Tlatlaya. Y, de ser el caso, castigar a los responsables. No es tan complicado”.

Sigo pensando lo mismo.

dudarazonable@milenio.com

Twitter: @puigcarlos

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