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Viernes , 25.05.2018 / 22:12 Hoy

Duda razonable

El Ejército y la policía de Iguala

Carlos Puig

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La polarización de la discusión, la ineficacia y en algunos casos desastrosa actuación de las instituciones de procuración de justicia, los enormes vacíos de información, la muy opaca manera en que funcionan juzgados y ministerios públicos, la pésima estrategia de comunicación de la procuraduría y el Ejército —¿por qué no dijeron desde el principio que había un soldado entre los muertos?— han nublado el entendimiento de qué hizo el 27 Batallón en Iguala la noche del 26 de septiembre del año pasado.

Hoy, gracias al grupo de expertos, el expediente de la PGR y las primeras investigaciones de la fiscalía de Guerrero sabemos más.

Sabemos que, como era rutina, el Ejército estuvo informado de las actividades de los normalistas desde que salieron de Ayotzinapa. No hay una sola evidencia de que nadie del Ejército haya participado en el ataque a los estudiantes. Sabemos que pasada la refriega, el Ejército fue al hospital y a una clínica para obtener información sobre heridos y que hablaron con algunos de ellos. Y sabemos del reporte de la autoridad civil —del hoy prófugo director de la policía de Iguala— al Ejército de que todo estaba en orden.

Frente a estos hechos, unos y otros han acusado o se han exonerado de cualquier cantidad de barbaridades. Esperemos sea un proceso de justicia transparente y eficaz el que al final deslinde responsabilidades, si es que las hubo.

El volumen del griterío, sin embargo, oculta un problema estructural más profundo y serio: el de la situación en que hemos dejado al Ejército a partir de esta absurda guerra contra las drogas.

Si el Ejército presenció a uniformados y patrullas, es decir, la autoridad legalmente constituida en batalla contra civiles, en ese momento, ¿de qué lado habría de ponerse? ¿En serio queremos, en esa confusa noche, al Ejército disparando contra policías? ¿Queremos al Ejército tomando decisiones por encima de, insisto, la autoridad legalmente constituida, sin órdenes de un civil, de un juez, de un fiscal? Yo no.

En el fondo, la actuación del Ejército esa noche, tal vez equívoca, tal vez temerosa, es resultado de la situación en que se les ha puesto. Sin una ley que los proteja en las labores de seguridad pública, sin un esfuerzo para sustituirlos por policías eficaces y limpias, atrapados en una guerra que ellos no decidieron, pero libran.


dudarazonable@milenio.com
Twitter: @puigcarlos

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