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Miércoles , 15.08.2018 / 16:52 Hoy

Duda razonable

De un gobierno bipolar y peleonero

Carlos Puig

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Al final de mi entrevista con Mercedes Doretti y Miguel Nieva, del Equipo Argentino de Antropología Forense, después de presentar su informe de actividades, que incluyó la conclusión de que no hay evidencia en el basurero de Cocula que sustente las declaraciones de imputados respecto a que los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa fueron quemados ahí, les pedí que, del uno al 10, me dijeran cómo evaluaban su trabajo en México en comparación con los muchos países donde han prestado su conocimiento.

Ambos sonrieron nerviosos, Nieva dijo mirando a Doretti, "el más difícil..."; "sí, muy difícil", completó ella.

Treinta y dos años de trabajo con misiones en Angola, Bolivia, Bosnia, Brasil, Chile, Colombia, Croacia, la República Democrática del Congo, Timor Oriental, El Salvador, Etiopía, Polinesia Francesa, Guatemala, Haití, Honduras, Indonesia, Kurdistán Iraquí, Kosovo, Costa de Marfil, México, Panamá, Paraguay, Perú, Filipinas, Rumania, Sierra Leona, Sudáfrica, Uruguay, Venezuela y Zimbabue.

Y algo se nota en las caras, en las declaraciones de los científicos, que delata que esta segunda misión mexicana los deja, después de 16 meses, con un sabor amargo.

Ya habrá días para examinar el reporte del equipo, por lo pronto me quedo con esta especie de bipolaridad del gobierno frente a este tipo de organizaciones. En años recientes se han abierto las puertas como nunca al escrutinio internacional y al mismo tiempo el gobierno se ha empeñado en pelearse con ellos de frente o a través de la prensa.

Es memorable la bronca del entonces canciller Meade contra el relator especial sobre tortura de la ONU, y no han sido menores las respuestas a informes de Human Rights Watch o Amnistía Internacional y por supuesto, ahora, frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y su grupo de expertos o los forenses argentinos contra quienes ya ha comenzado una buena operación mediática en su contra.

Lo mismo sucede con el GIEI, a quien le han dedicado una severa campaña de desprestigio inventando complots globales para derrocar a quién sabe quién.

Alguien no se da cuenta de que el relator, los argentinos o los expertos de la CIDH al final de cuenta se van, sin mayor afectación a un prestigio ganado en buena parte del mundo.

Y somos nosotros los que nos quedamos con nuestra tortura —sí, señor Meade, sí existe—; nuestros desaparecidos, nuestras víctimas de violaciones a derechos humanos y nuestros muertos sin justicia.

Twitter: @puigcarlos

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