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Martes , 18.09.2018 / 13:26 Hoy

Los caminos no vistos

Una nueva Edad Media

Carlos Prospero

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Cuando alguien afirma que el mundo es una construcción mental fundada en una convención entre los miembros de un grupo, recuerdo la pregunta de John Locke sobre el ruido de la caída de un árbol en un bosque solitario.

La filosofía contenida en esta pregunta, que divulgó George Berkeley, creó el idealismo subjetivo, de acuerdo al cual, no se pueden conocer los objetos reales que causan las percepciones, sino sólo la percepción del objeto y el paso de lo particular a lo general ocurre solamente a través del lenguaje.

Hace aproximadamente dos años, un amigo me pidió que prologara su libro de poemas. Un libro bien escrito con argumentos del tipo de un poeta dieciochesco. Quizás lo hubiera hecho si no me hubiera dicho que ese estilo era de su invención, que esa técnica de escribir la estaba postulando como algo novedoso.

Hay una regresión al uso de las técnicas que los poetas han acuñado y que ahora forman parte del conocimiento común.

Decía en mi artículo pasado que hay una tendencia a considerar la proyección de un mundo nuevo en el que la percepción del hombre se ha vuelto diferente, en el que todo es apariencia y en el que nadie se preocupa por la esencia de las cosas.

Se ve así en razón de que de las estructuras que conforman al mundo, la naturaleza, la sociedad, según la ciencia, solamente se toma en cuenta la de superficie; la estructura profunda de la organización social se mantiene intacta.

¿Qué pasaría si alguien, saliéndose del paradigma del conocimiento impuesto por la burguesía a través del conocimiento académico, universitario, se preguntara por la esencia de las cosas y buscara mediante un método esa existencia? Ante sus pares estaría haciendo el ridículo, estaría violando las convenciones que ellos mismos han construido.

Sin embargo, hay quienes dicen que es necesario buscar lo importante, lo verdadero, y diferenciarlo de lo que no lo es, aunque solamente ven lo que ven, pues sí creen en las apariencias.

Mi amigo escritor solamente se ha preocupado por registrar un estilo tal como lo concibe, sin recurrir a sus conocimientos histórico-literarios, aunque sabe que hay muchas técnicas literarias que son de cuño común, pese a que muchos las desconozcan.

Finalmente, me dice un conocido que un escritor local es famoso porque escribió algo novedoso, y aunque luego descubrieron al poeta francés que imitaba, por compasión, en el sentido más cristiano del decir, nadie dijo nada, y mantiene su fama y su posicionamiento, sosteniéndolos con apoyos económicos y recomendaciones de sus allegados a editoriales independientes.

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