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Viernes , 14.12.2018 / 04:14 Hoy

Los caminos no vistos

Responsabilidad social del que se dice poeta

Carlos Prospero

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Si de acuerdo a los prejuicios escribir poesía hace que se cambie el modo de ser del que lo hace, en primer término, y luego modifica al que la lee y en forma indirecta a los parientes y amigos cercanos del autor y del lector, hay, en consecuencia, una marcada responsabilidad social en quien escribe un poema, aunque en éste no haya ni un grado de energía poética.

Conozco algunas personas que han leído durante muchos años un sinnúmero de poemas, unos más cargados que otros de esa energía que llamamos poesía, y puedo ver que siguen siendo los mismos que han sido desde que los conozco.

Es una bonita idea esa de creer que leer poesía cambia el modo de ser de las personas, idea que en los hechos no puede comprobarse.

La poesía, como parte de la cultura, es un agregado a la estructura instintiva básica de la persona.

Toda la información de la educación escolar desde la primaria hasta el doctorado‑ requiere de un tiempo para su asimilación y el conocimiento no siempre se incorpora de una manera cabal.

Hace falta un proceso de decantación que, sin embargo, se pierde cuando el individuo tiene que enfrentar asuntos muy difíciles como las agresiones violentas directas o los ambientes inseguros como el que estamos viviendo desde hace varios sexenios.

Así que con ese antecedente social, el que escribe debe conocer el nivel de responsabilidad que ello implica y tomar la responsabilidad y no delegarla a sus lectores.

En otro orden de cosas, se dice que el que escribe poemas crea cosas que antes no existían, utilizando solamente un grupo de palabras conocidas.

He leído muchos poemas que describen sujetos personas, animales, objetos‑, emociones, deseos, pero nunca he visto en ellos nada desconocido que trajeran por primera vez a la vista.

En cambio, he leído metáforas e imágenes creadas forzosamente, artificios no para el desarrollo de la poesía o la conciencia, sino para recibir un reconocimiento público, es decir, textos que carecen siquiera de un aura porque no hay alma en ellos; como las piezas de ajedrez de pura madera, que flotan en el agua porque no tienen peso.

El poeta es el que le pone peso a las palabras mediante su combinatoria, su sintaxis, y principalmente por su sentido. El es el responsable de las consecuencias de su escritura y no el receptor de ella.

En fin, pienso que si alguien dice que escribe poemas debe asumir la responsabilidad de los cambios que provoca el texto, tanto en sí mismo como en sus lectores.

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