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Los caminos no vistos

Reflexión de fin de 2018 (I parte)

Carlos Prospero

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  Este camino nadie ya lo recorre,
salvo el crepúsculo.

Basho.


Los investigadores literarios inventan cosas para cuadrar sus informes de investigación y para quedar bien con sus tutores. En este entrambulique les ha dado por inventar una generación de poetas tapatíos a los que unos han dado el nombre de “Generación del 54” y otros el de “Poetas de la disidencia”, con lo que han creado gran confusión del asunto, pues bajo ese rubro han metido a escritores que nada tuvieron que ver con el grupo de esos poetas que iniciaron eso que hoy llaman “movimiento”.

Todo esto empezó con un grupo de cinco poetas que estaban en formación literaria y crearon un grupo al que nombraron “Protoestesis”.

Este grupo sólo estuvo vigente dos años y posteriormente cada de sus miembros se fue por su particular camino; sin embargo, esos dos años fueron suficientes para lograr un cambio profundo en la expresión literaria local, que se ha prolongado hasta nuestros días.

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En la Facultad de Filosofía y Letras, la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) tenía la misión de reconciliarse con el estudiantado luego de su acción contra el movimiento del 68; promovieron una serie de revistas en las que publicaban a todo el que tuviera un poema, un relato o un ensayo.

Las revistas de la FEG fueron el primer foro de los escritores principiantes, las que luego usaron para chantajear y obligar a que éstos apoyaran sus proyectos. Los cinco poetas disintieron de la relación con esta institución estudiantil y dejaron de publicar en sus revistas. Hubo problemas personales con la FEG y por eso, en cierto sentido, abandonaron la Facultad y empezaron a reunirse primero en los pasillos y el patio y luego en algunos cafés.

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Ricardo Yáñez era el más relacionado de todos. El contactó a Hiram Sánchez, que les prestó un local en donde se reunieron varias veces. Hiram propuso al Jefe del Departamento de Bellas Artes (DBA), Juan Francisco González, crear un taller literario auspiciado por el DBA. Hiram quería ser el director. Ricardo Yáñez quería ser el director, el Jefe del DBA tenía otros planes, pues deseaba proyectarse a nivel nacional. Sus asesores, Ernesto Flores, Ignacio Arriola y Guillermo García Oropeza, armaron una escuelita de letras, y Juan Francisco buscó al director en la ciudad de México, aprovechando su amistad con Carlos Monsiváis. Ni Hiram Sánchez ni Ricardo Yáñez, el director del Primer Taller Literario fue el doctor Elías Nandino, que nunca estuvo de acuerdo con la escuelita, pero aguantó un año esperando su revista Y con la instalación del Taller, el grupo Protoestesis se acabó.

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