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Sábado , 20.10.2018 / 20:52 Hoy

Los caminos no vistos

Nunca hubo una Generación del 54

Carlos Prospero

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Yo estaba en el café cuando Jorge me propuso que escribiera algo sobre la Generación del 54. Lo vi seriamente y respondí ¿para qué?, y me dijo que porque yo era uno de los había estado allí.

La pregunta no formulada era que si era necesario aclarar la serie de imprecisiones que varios de los neo-investigadores literarios habían plasmado en sus artículos, ¿para qué, si a ellos solamente les importan sus grados académicos y sus bonos, y si a las instituciones como la universidad, la de Educación y la Nacional de Investigadores no les importa la veracidad de lo que hacen sus investigadores, qué caso tendría corregirles?

Tentadora la proposición de Jorge porque permitiría desenmascarar la incapacidad de los investigadores que realizan ese fraude del conocimiento, que podría calificarse de lesa humanidad.

Fui vetado por uno de los líderes de un grupo literario, así que no me alarmaría que volviera a suceder si decidía hacer las correcciones pertinentes. La disidencia estética tiene sus consecuencias.

Advierto que en razón de ese veto no participé de la mediocridad institucionalizada (que todavía hunde sus raíces en las generaciones posteriores) promovida por los formadores de estos neo-investigadores cuya meta es “el rescate” de autores del siglo XIX y principios del XX, cuya valía estética ha sido embutida en las generaciones más jóvenes.

Esto me remitió a mediados de los años 70, cuando los asesores literarios del entonces Departamento de Bellas Artes decidieron invertir el dinero que era para la poesía joven en autores de valía media, sólo para despojar a los poetas jóvenes que en su momento quise distinguir con el nombre de “Generación del 54” y que uno de los líderes de otro grupo, que proponía la idea barthesiana de “forma es fondo”, rechazó y convenció a buena parte de esos jóvenes poetas, que luego serían sus serviles, a rechazar el membrete porque era de procedencia española.

Así que la “Generación 54” nunca existió.

Pero hace unos años una investigadora empezó a escribir sobre unos poetas jóvenes que hubieran conformado la generación mencionada si ésta hubiera existido; ella sabía que ese supuesto descubrimiento la encumbraría, y le dio vuelo a su idea de hablar de la Generación del 54.

Generó la existencia de algo que nunca existió, pero que le resultaría favorable en un futuro, puesto que todos festejan lo que se publica, sin verificar si los contenidos son ciertos o no.

Los escribanos de la historia en la novela “1984” cambiaban los hechos de acuerdo a los dictados del Big Brother, sólo para la satisfacción de éste.

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