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Lunes , 24.09.2018 / 01:13 Hoy

Narcisismo neoliberal

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Cada vez más extraño, el mundo, la sociedad, el hombre mismo, nos vemos impelidos a buscar una explicación de esto que vivimos a diario, y cuando encontramos algo nos aferramos a ello como a clavo ardiente, y no lo soltamos porque tememos que en ello se nos vaya la vida.

Así vivimos con esas improntas que deseamos con el alma sean realidad, causa de nuestra felicidad aquí y ahora, aunque lo cierto es que no pueden ser porque nuestra perspectiva ha perdido su historia, y sin saber de dónde venimos y hacia dónde vamos el mundo es una gran incógnita.

El mundo mercantil, neoliberal, ha ganado el alma de todos los humanos, aunque estos piensen que todo es debido a la pérdida de valores. No hay que engañarnos.

La corrupción no es asunto moral, es económico, porque la economía significa bienestar, y bienestar quiere decir no estar apurados con la comida, la bebida, el vestido, la casa, la educación propia y de los hijos: no padecer estrés.

Sólo que el enfoque en la economía trae consigo la llamada "ceguera de taller", que impide ver otras cosas en su justa dimensión.

Las personas, las ideas, los objetos, se ven siluetados, ensombrecidos. Se ven, pero no se ven tal como son, porque además de que ese enfoque no tiene la historia que es su sostén, en la observación que es una relación del hombre y el mundo, de acuerdo a la ideología neoliberal, no hay objeto observado, sólo existe el que observa, el que ha creado en su cabeza al objeto observado.

La realidad, el mundo, la vida, el hombre mismo, de acuerdo a este modo de ver las cosas, son un fantasma colectivo, como consecuencia del fin del comunismo y de la consolidación del capitalismo.

El mundo ya no está dividido, es uno solo: ya no hay rivalidad, no puede haberla.

Igualmente, sólo hay observador, sujeto cognoscente; no hay objeto observado, o por conocer: el mundo es una creación mental.

"Lo otro" es una invención, un fantasma creado por el sujeto, que es único. En consecuencia, el pensamiento actual es reflexivo, inmanente, narcisista, monádico.

Y al no haber dialéctica, no hay trascendencia, porque ésta es ir más del individuo.

Por eso sólo hay amor narcisista y por ello mismo incapacidad de conciencia colectiva, de conciencia de clase: incapacidad para hacer la revolución.

Todo eso, que ya está asentado en la silla turca del cerebro, en lo inconsciente, se refleja en la llamada escritura creativa, en la poesía, que por ahora es una actividad sin historia, intrascendente.

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