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Los caminos no vistos

Extrañamiento

Carlos Prospero

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Uno va por la vida caminando con los ojos abiertos y los oídos claros, con el olfato presto y el tacto como ciego.

En ese itinerario uno se encuentra cosas, personas, animales, los hechos naturales y los que el hombre crea, y con eso uno forma un esquema del mundo, un mapa originario sobre el que haremos los añadidos pertinentes conforme nuestro conocimiento se amplía.

Todos somos iguales en lo básico y vamos diferenciándonos en los agregados de acuerdo a las potencialidades que actualizamos, pues al fin de cuentas solamente desarrollamos ciertas cualidades en el nivel de lo externo.

La cultura, he dicho, es la montura del caballo. Se pone y se quita, hay unas alabardas burdas, otras de finos brocados y hasta de hilos de oro y plata, pero el penco es el mismo.

Por lo general, uno mira la montura que nos dice “Doctor en…” y se deslumbra y piensa que la montura es el caballo.

Hay otros que aunque vean la montura del más fino brocado, le levantan para ver al animal que la sostiene.

Decían que los filósofos, y después los psicólogos, querían descubrir el espíritu humano, pero casi todos solamente analizaban la montura, los herrajes, y sobre eso lo definían.

Pero hubo otros que no eran ni filósofos ni psicólogos, eran unos observadores de la vida, de los hombres y de las cosas naturales y las hechas por los hombres, y ellos se dieron cuenta de que la montura era la montura y no el animal.

Fueron ellos, esos simples observadores, los poetas, los que dijeron: vean al animal y verán al espíritu humano.

El hombre es el animal, no la montura.

***

Solamente recibía nombramiento de Philosophy Doctor quien descubría o inventaba algo no visto antes que el descubridor o el inventor lo mostrara, siempre y cuando se comprobara que así era.

El Ph. D. era reputado como sabio por ese aporte a la comunidad científica o filosófica.

La idea originaria era la evolución, el desarrollo. Por eso, el descubrimiento e que el espíritu humano estaba en el animal, era el animal mismo, no podía considerarse un aporte a la evolución humana.

Sin embargo ese era el mayor aporte que se había hecho sobre el desarrollo del humano.

Pero el hombre ha preferido el engaño y creó la ilusión de que él tendería a lo divino.

Hoy vemos esa distinción con suficiente claridad. El hombre se ha apostado en las almenas de la fantasía y ha declarado que todo lo que hace tiende a la divinidad.

Los poetas en al animal echado en sus cuartos traseros, acezante, esperando que de alguna parte le llegue un trozo de carne.

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