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Martes , 11.12.2018 / 05:52 Hoy

Los caminos no vistos

Del Fetichismo del Lenguaje II. (Segunda parte de tres)

Carlos Prospero

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La presencia de clérigos estudiosos de la filosofía materialista generó ideas caóticas como las de la complejidad, de Edgar Morin, y las de los sistemas sociales de Luhmann. Es por ello que hay que empezar por reconocer lo fundamental, lo primigenio, esa división de la filosofía de la que hablamos en la primera parte.

A Freud, que era materialista, se le opuso Jung, que era idealista, y que desvió el pensamiento psicoanalítico hacia otros horizontes lejanos del psicoanálisis, tal como Freud lo había concebido.

El impacto social de las ideas sexuales freudianas como el fundamento de todo el actuar humano provocó un rechazo primero y posteriormente ataques y el exilio del campo de las ciencias; sin embargo, la idea de la procedencia divina del hombre estaba herida.

A la sociedad eminentemente cristiana, que creía en la mortificación del cuerpo para salvar el alma le resultaba inconcebible pensar siquiera en lo sexual, y Freud diciéndoles que el cuerpo era movido por el espíritu humano que era, y es, puro sexo, pura energía sexual, no tenía cabida en ella.

Jung y sus fantasías de los arquetipos y Adler con sus ideas del poder se erigieron como los campeones del alma humana, hasta que apareció Lacan con la mayor aberración del psicoanálisis: sus ideas abstractas y su discurso sin contenido.

Las ideas inaceptables de la sexualidad de Freud fueron sustituidas por las ideas homosexuales de Lacan.

La filosofía idealista agotada por Hegel, fue resucitada por la metafísica de Heidegger y la filosofía política de Nietzsche, y la filosofía materialista por la Escuela de Frankfurt (freudomarxistas) y la Teoría Critica.

Ambas corrientes de pensamiento habían sido seriamente afectadas, las primeras, por la práctica política del nacionalsocialismo, y las segundas por el comunismo URSSiano.

Ambas perdieron sus límites y se perdieron en las aguas de la filosofía y de la praxis política, y lo único que les sirvió de tabla de salvación en su naufragio fue el lenguaje.

Para Heidegger y Nietzsche la palabra, y para Horkheimer, Benjamin y Adorno, el discurso.

Los contrarios estaban ahora unidos por una sola materia, el lenguaje.

El lenguaje, todos lo sabemos, es la manifestación del pensamiento. En ese sentido, el lenguaje es lo abierto lo público, lo manifiesto y el pensamiento es lo cerrado, lo privado, lo oculto. De aquí al esoterismo sólo un paso.

Y si la palabra tiene dos caras, el significante y el significado, en una unidad indisoluble, el discurso tiene su estructura de superficie y su estructura profunda que sostienen al lenguaje y al pensamiento como las dos caras de la misma moneda.

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