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El asalto a la razón

La codiciada silla... con tachuelas

Carlos Marín

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Con ocho presidentes en 48 años, por Bucareli han pasado 20 titulares, ninguno aguantó seis años en el cargo (Mouriño y Blake murieron siendo secretarios), y todos tuvieron que dormir en un cuartito habilitado en sus oficinas.

Moya Palencia debe haberse desvelado con los encontronazos de Echeverría con el empresariado, el asesinato de Garza Sada y las guerrillas urbanas; Reyes Heroles al diseñar la trascendental reforma política; Bartlett cuando la “caída del sistema”; González Garrido con el levantamiento armado en Chiapas; Carpizo con el asesinato del cardenal Posadas; Carrasco durante el paro cegehachero de la UNAM; Abascal mientras la CNTE y la APPO pudrían Oaxaca, y Osorio Chong con el caso de los 43, la quema del portón de Palacio Nacional o la espectacular fuga de El Chapo.

... Y los sobresaltos fueron muchos más.

Si así la pasaron ellos, cabe suponer calambres cotidianos en sus jefes.

Por eso Peña Nieto dice que ser Presidente es “difícil y duro”.

Eso le espera a quien consiga subirse al tablado, porque el público exige siempre una buena función o la devolución de las entradas.

cmarin@milenio.com

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