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El asalto a la razón

Estrategia que no admite "consulta"

Carlos Marín

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El viernes reciente de Muertos, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a través de su agencia antinarcóticos (la DEA), publicó en su Informe Nacional sobre Amenazas de Drogas 2018 que, si bien el cártel de Sinaloa continúa su expansión en ese país y a pesar de estar ya bajo proceso Joaquín El Chapo Guzmán, este hombre y su agrupación sostienen una férrea competencia con el avasallante grupo criminal Jalisco Nueva Generación, que encabeza el señor Nemesio Oseguera.

Se confirma en el reporte que esa banda ya está enclavada en 22 de los 32 estados de la República Mexicana, y que en unos cuantos años logró consolidar un imperio en EU, siendo que hace apenas relativamente poco tiempo todo su comercio se realizaba en Asia, Oceanía, África y Europa, y que desde entonces era consideraba la banda más rica del mundo por el Departamento del Tesoro.

La expansión de esa temible y próspera pandilla tiene sangrientos avistamientos en Ciudad de México, sobre todo en el barrio de Tepito y la alcaldía de Tláhuac.

Negar que opera en la capital nacional es tan ingenuo como suponer que no se ha vuelto la principal amenaza a la Seguridad Nacional y Pública.

En la estrategia del agónico gobierno federal esa organización creció a costa de Los Zetas, El Golfo y Los Templarios. Y no cesan las cruentas disputas por espacios para el trasiego, como ejemplifican Colima, Nayarit y el par de entidades en la península de Baja California, con el crecimiento exponencial del homicidio artero.

Una guerra que, de no avisparse el gobierno que viene, ganará el de Jalisco, hasta conseguir su dominio en todo el territorio nacional.

Andrés Manuel López Obrador y gente de su equipo han manifestado su rechazo a la manera como el gobierno saliente vino enfrentando al crimen organizado, pero no han dicho lo que ellos harán, excepto hablar de perdón y amnistía.

En los desastrosos foros de seguridad que terminaron siendo pospuestos porque fueron una pésima idea “pacifista”, el futuro secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, terminó por ofrecerles disculpas a las víctimas que, obviamente, claman por justicia.

Las autoridades estadunidenses, mientras tanto, están más preocupadas por el cómo podrá la nueva administración mexicana contener el problema, y todo indica que ellas impulsarán su programa y el incremento de recompensas para la captura de los grandes capos. Esto, sin embargo, no prosperará si no comparten su información con la PGR, el Ejército, la Marina y la Policía Federal.

Aquí, pese a lo ridículo y desastroso que fue el sondeo sobre el nuevo aeropuerto internacional, viene un sexenio de consultitis aguda.

El cambio que se avecina es mucho más que de jefe del Poder Ejecutivo: será otro tipo de régimen.

No queda sino cruzar los dedos para que al Presidente electo ni se le ocurra intentar la aplicación de fórmula, siempre desconfiable, de hacer “consultas populares” para definir su política de seguridad…

cmarin@milenio.com



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